20 mayo, 2008

Ficción y realidad: Automáticos

Definición de automático: Dicho de un mecanismo que funciona en todo o en parte por sí solo. Palabras relacionadas: arma automática, cajero automático, contestador automático, fusil automático, piloto automático, portero automático, caja de cambios automática, etc.

Desde el inicio de la obra pensamos en todo lo que puede derivar de la palabra, a modo de adelantarnos un poco a lo que podremos encontrar sobre el escenario. Pero, ya en la sala, en la butaca correspondiente, al frente, vemos los aparatos y electrodomésticos vinculados con el tema.
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Se inicia la función: poco a poco entran en escena los adolescentes que deben llevar adelante un proyecto de ciencias para ganar un premio que les dará la posibilidad de viajar a Chile. Entre idas y vueltas, en el transcurso de la obra se van abordando temas fundamentales como la familia, la personalidad, el liderazgo, la belleza, la bulimia y la anorexia, la primera relación sexual, las debilidades, las disfunciones en todas las variantes posibles, la muerte, los sueños, la música y el cine; entre otras cuestiones que se pueden despertar en cada uno de los espectadores.

El ritmo de la obra es totalmente cinematográfico, al estilo de las películas yankees para jóvenes. Desde ese estilo se crean de forma asombrosa diferentes climas, que van de la historia fresca y juvenil al terror de una noche de tormenta. Rayos rojos manifiestan el extremo problema ambiental (que narra la historia y no se encuentra muy alejado de la realidad) y le dan vida -al mejor estilo Mery Shelly- a los maniquíes que permanecían prácticamente inmóviles. Resultan destacables los momentos de terror tan bien logrados por todo el equipo, especialmente a través del sonido, la iluminación, los actores, y la dupla de directores: Javier Daulte (con otra obra en cartel que comparte la temática: “La Felicidad”) y Luciano Cáceres.

Se destaca la actuación de Pilar Gamboa en el papel de Cristina, una verborrágica y temperamental joven que capta la atención sin caer en un personaje sobreactuado.
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Como no podía ser de otro modo, al tratarse de gente de corta edad, era infaltable una coreografía al mejor ritmo de Pata Pata, que atrapa a los púberes de hoy y del ayer. Momento en el que impacta en nuestra mente la imagen y voz incomparable de la sudafricana Miriam Makeba. Los nostálgicos y los curiosos pueden pasar por: www.youtube.com/watch?v=85_9mKTg_Do&feature=related para revivir el éxito de 1966.

Automáticos es una obra que se puede ver en familia, ayuda a entender algunas actitudes de los adolescentes y también repasar esa etapa para quienes la superaron a pesar del desfasaje temporal.

Una puesta ideal para charlar largo y tendido finalizada la función. Es un placer contar con esta obra en la cartelera porteña. No se la pierda.

Todos los viernes a las 23:30hs en el Teatro del Pueblo, Av. Roque Sáez Peña 943, Teléfono: 4326-3606, entradas $20.

Georgina Falbo

Mora: Mariana Chaud
Brad Pitt: Ludovico Di Santo
Fina: Lorena Forte
Cristina: Pilar Gamboa
Carol: Tamara Kiper
Pelirroja: Leticia Mazur
Morocha: Verónica Mc Loughlin
Toni: Willi Prociuk
Omar:Ignacio Rodríguez de Anca
Asistentes de dirección: Mara Guerra - Sergio Aiello
Asistentes de producción: Héctor Bordoni - Lucas Cánepa
Escenografía y Vestuario: Luciano Cáseres- Javier Daulte
Diseño escenotécnico: Agustín Garbellotto
Realización escenográfica: Agustín Garbellotto- Héctor Bordoni
Iluminación: Mariano Rugiero
Selección musical: Javier Daulte
Coreografía: Leticia Mazur & Javier Daulte ( en base a la coreografía original de Nuria Lagarda & Javier Daulte
Dirección: Javier Daulte & Luciano Cáceres

Milonguita, los hombres te han hecho mal

Arrabalera como pocas, Marcela Paoli, en su espectáculo Delikatessen Haus ofrece un recorrido de la mano del tango canción por la vida de Blanca, personaje creado por Weisbach y Linnig en 1920.

La obra es un show de tango teatral en el que Paoli se destaca y es acompañada por Gustavo Twardy en piano. Se trata de un espectáculo inspirado en el sainete escrito por Alberto Weisbach y Samuel Linnig, estrenado en la Opera de Buenos Aires en 1920. Por esa época la prostitución era ilegal y Lenning compone el tango dedicado a la Milonguita del momento, que daría su alma por vestirse de percal. Por entonces el tango Milonguita fue interpretado por primera vez por Maria Esther Pomar.

La historia cuenta que Blanca entra a trabajar en el Bar Alemán de Buenos Aires, Delikatessen Haus, como integrante de una orquesta (lugar que le sirve a Paoli para demostrar sus habilidades con el violonchelo, cantando en alemán). Pero Blanca es una mujer condenada a vivir rodeada de sus fantasmas (causados por las borracheras, los malos tratos, los brindis, el adulterio, los patoteros, la música, la sangre, el pasar hambre…) y amores perdidos, que la hacen transitar por diversos sentimientos y estados de ánimo que la llevan a lidiar con la locura y la libertad.

En ese viaje que proponen los autores el espectador se encuentra con una obra cargada de humor negro y un profundo anhelo por rescatar a las mujeres como Blanca que necesitaban recuperar su vuelo.

Entre los temas que interpreta Paoli se destacan: Pudimos ser el sol (letra de Patricia Ferro Olmedo y música de Sacri Delfino), Vamos Nina (letra de Horacio Ferrer y música de Astor Piazzolla), La pulga y La Vaselina (inolvidables en la voz de María Yánez, la Bella Dorita).

El espacio en el que se desarrolla la obra es pequeño, pero muy bien aprovechado, puesto que es utilizado cada rincón; desde el patio a espaldas del espectador hasta los rincones, escalones, y una ventada que da a la calle. Lo hacen rendir y consiguen que cada objeto estratégicamente colocado cumpla todas las funciones posibles, tal es el caso del copón de agua que junto con la iluminación causan un efecto incomparable.

No se puede pasar por alto el vestuario realizado por María Prior, de perfecto blanco con brillo y plumas al inicio y de agonizante negro con piedras en el final. Los dos cambios le dan mucha fuerza al personaje de Blanca, la enmarcan y Paoli los sabe llevar y hacerlos piel del personaje.

El espectáculo es un recorrido imperdible por una Casa de Delicadezas. Especialmente para las mujeres, que conocen de angustias y hombres que hacen mal. Y para hombres, que deseen comprender un poco más sobre su lado femenino y cómo entender y cuidar a una papusa.

Georgina Falbo

Género: Sainete / Actriz y cantante: Marcela Paoli / Idea y Dirección: Marcela Paoli / Iluminación: Darío Dukah / Piano: Gustavo Twardy / Vestuario: María Prior
Centro Cultural Caras y Caretas, Venezuela 370, San Telmo / Horario: viernes y sábados 21:30hs. / Entrada: $20

El mago a mitad de camino (amarillo)


Siempre resulta atractivo encontrar en la cartelera espectáculos que retomen o se basen en clásicos de la literatura infantil (y no tanto). En el caso de El mago de Oz, existieron siempre una infinidad de versiones, por lo general en el circuito off. La versión que acaba de estrenarse en el teatro Broadway es una adaptación de Marisé Monteiro y tuvo su estreno años atrás con el protagónico de Soledad Silveyra.

Teniendo en cuenta la impronta del texto original de Frank Baum, y sobre todo el recuerdo que dejó en tantas generaciones el film de Victor Flemming (con Judy Garland inmortalizándose con su Over the rainbow), no es tarea sencilla aproximarse a este clásico. Esta versión presenta aciertos, sobre todo desde la dramaturgia de Monteiro, pero también tiene puntos que no terminan de convencer.

La puesta dirigida por la eficaz Valeria Ambrosio (Rent, Ella, entre otras) respeta el camino pautado por Baum que muestra el recorrido de Dorita (Ivanna Rossi) cuya finalidad es conocer al famoso mago y pedirle que la ayude a volver a su hogar. Trayecto en el que conoce al hombre de lata (Dan Breitman), el Espantapájaros (Diego Bros), y el león (Diego Mariani): cada uno de ellos tiene también un deseo para pedirle al poderoso mago de Oz que sea cumplido.

Entre los principales aciertos se encuentra la actuación de Rossi, quien a fuerza de una arrolladora gracia en el canto y el baile consigue la inmediata empatía con el público. Sus compañeros de viaje acompañan a la actriz sin desentonar, pero las escenas que suman a las dos brujas (la buena y la mala, interpretadas por Virginia Kaufmann y Natalia Cociuffo respectivamente) agregan caos a la puesta, que quizás se solucione a medida que avancen las funciones.

Algunas elecciones estéticas rompen el encanto de la imagen de fábula infantil construída desde lo escenográfico, como la ropa de estilo sadomaso de la bruja mala, o la incorporación del video que a veces es muy efectivo (en la recreación del tornado, por ejemplo), pero la mayoría de las veces es apenas decorativo.

La aparición del Gianola (el mago) resulta un poco decepcionante: sus 15 minutos en escena podrían haber sido más efectivos si su participación (amparada mayormente en el impacto publicitario) hubiera estado a la altura de la protagonista y las buenas ideas que recorren las coreografías, si bien algunas son un poco elementales.

No obstante, tanto la actuación de Rossi como los aspectos de puesta que apuntamos como positivos, hacen que este Mago de Oz valga la pena tenerse en cuenta.

Ezequiel Obregón


Fabián Gianola: El Mago de Oz Ivanna Rossi: Dorothy Virginia Kaufmann: La bruja buena del norte Natalia Cociuffo: La bruja mala del sur Diego Mariani: El león Diego Bross: El espantapájaros Dan Breitman: El hombre de hojalata
Dirección general: Valeria Ambrosio Libro: Marise Monteiro Música: Martín Bianchedi Producción: Carlos Troncoso

Funciones: Sábados y Domingos 17:00 Hs.

EnSinapsis te invita al teatro

Hola amigos lectores, en esta oportunidad los invitamos a ver La doble muerte del Sr. Miguelets.

"Una obra de suspenso, en el marco del género policial.
Todo comienza con la muerte del Sr. Miguelets.
A partir de allí, se desplegará todo un itinerario de hipótesis y declaraciones en un
permanente cruce de testigos que se contradicen y confunden."

¿Cómo obtener un par de entradas? Escriban a ensinapsis@gmail.com, dejando número de documento, nombre y apellido, y un teléfono.

La obra puede verse los sábados a las 21:30 en el Teatro IFT, Boulonge Sur Mer 547.

03 mayo, 2008

Pateando prejuicios

La nueva película del realizador Janar Panahi se suma a esa ya larga tradición de films del Medio Oriente que hablan de la condición de la mujer en la sociedad: Osama, Kandahar, o A las cinco de la tarde son apenas unos ejemplos representativos. Aquí el argumento es mínimo, y refiere a la intención de una joven de asistir a un clásico partido de fútbol, equiparable a nuestro River-Boca. Narrado en tiempo real, el relato sigue el trayecto de la entusiasta para intentar evadir el control del espectáculo (las mujeres no pueden acceder a ver partidos de fútbol en Irán), y lo hace marcando una cercanía absoluta con el personaje, quien a la media hora de la película ya se habrá ganado la empatía del espectador.

La cámara en mano acentúa la sensación de inestabilidad y ansiedad de la muchacha. Este hecho (en apariencias cotidiano, porque si bien Offside se enfoca sobre un solo personaje, en un momento determinado señala la recurrencia de tal peripecia) denota un estado de situación social que se extiende en toda la cultura iraní.

Por sobre todas las cosas, el mayor logro de Offside es ser una película entretenida, con pulso narrativo y una capacidad de observación cotidiana poco frecuente para el cine occidental. El manejo de la tensión se sostiene también por un apropiado uso de la banda sonora, que sabe diferenciar los silencios de la omnipresente “hinchada” en beneficio del relato. El final es –acaso- una de las mejores celebraciones vistas en el cine en el último tiempo.

Ezequiel Obregón

Offside (Irán/2006). Producción, edición y dirección: Jafar Panahi. Con Sima Mobarak-Shahi, Shayesteh Irani, Ayda Sadeqi, Golnaz Farmani, Mahnaz Zabihi. Guión: Jafar Panahi y Shadmehr Rastin. Fotografía: Rami Agami y Mahmoud Kalari. Música: Yuval Barazani y Korosh Bozorgpour. Diseño de producción: Iraj Raminfar. Distribuidora: 791cine. Proyección en DVD (pantalla gigante). Duración: 93 minutos.

Melodrama hecho con porcelana fría: Crimen y Lujuria

La nueva película del prolífico Ang Lee (Sensatez y Sentimiento, El tigre y el dragón, Secreto en la montaña) luce tan lujosa como fría. En exceso programática, luego de verla sentimos la sensación de que todo estuvo en su lugar correcto: la música de carácter operístico, la sofisticada fotografía, el vestuario preciosista, el excelso diseño escenográfico. Demasiado cálculo para una película que se centra en pasiones encontradas, ambigüedades políticas, dualidades morales, y –hacia el final- una sexualidad a flor de piel.

Crimen y lujuria se basa en un cuento de una celebrada autora china ya fallecida, y narra la historia de una joven idealista (Wei Tang, un descubrimiento a tener en cuenta) que es invitada a formar parte de la resistencia china ante el avance japonés. El primer intento deviene fallido, pero gracias a éste podrá embestir su personalidad de seducción y capacidad de manipulación, la que le servirá para escalar hasta el circuito íntimo del poderoso Mr. Lee (Tony Leung), un frío y malvado funcionario colaboracionista.

Luego de esa primera aproximación al contexto histórico y a la caracterización de los personajes, el metraje se volverá excesivo, a fuerza de reiterar situaciones y prolongar el ambiguo acercamiento entre los dos protagonistas, que hubiera sido más aprovechado si la trama no se hubiera vuelto tan sobre-explicativa. Todo lo contrario ocurría en El libro negro, el film de Paul Verhoeven en donde la capacidad narrativa estaba puesta no sólo en el diseño, sino también en las contradicciones de los personajes principales.

Así, Crimen y Lujuria termina siendo un film político carente de impacto político, un melodrama a mitad de camino, que (sí, hay que decirlo) tiene algunos de los encuadres más “bellos” vistos en el cine, pero que lucen como eso: imágenes, disueltas a lo largo de una larga cinta.

Ezequiel Obregón

Crimen y lujuria (Lust, Caution/Se, Jie, Estados Unidos-China-Taiwán-Hong Kong/2007). Direccion: Ang Lee. Con Tony Leung, Wei Tang y Joan Chen. Guión: James Schamus y Hui-Ling Wang. Fotografía: Rodrigo Prieto. Música: Alexandre Desplat. Edición: Tim Squyres. Diseño de producción: Lai Pan. Distribuidora: Distribution Company. Duración: 157 minutos. Apta para mayores de 18 años.