23 abril, 2007

BALANCE DEL BAFICI

Tras casi dos semanas de intenso cine, culminó el gigante festivalero. Atrás quedaron las colas en búsqueda de una entrada, la agenda sobrecargada de títulos de películas y salas, y alguna que otra noche en Harrods.

Este año se volvió a confirmar que el BAFICI ya es un evento con multitudinario apoyo, que se traduce no sólo en términos cuantitativos, sino también en la exigencia de un público en busca de buen cine. En los primeros años del festival solía abrirse el debate sobre qué era “cine independiente” y qué no lo era. Hoy ese debate ha sido cerrado, y han surgido nuevos interrogantes. Uno de ellos es la pregunta por el destino del denominado Nuevo Cine Argentino, sobre todo desde el año pasado, cuando algunos títulos locales produjeron la sensación de cierto agotamiento, desde las temáticas y los estilos. Este año la representación local ha sido lo suficientemente heterogénea como para dejar la contentos a casi todos. En cuanto al público, esa buena recepción quedó materializada en el Premio –valga la redundancia- del Público, que recayó en Filmatrón, pero que, dada la cercanía de los puntajes, pudo haber sido para por lo menos tres títulos más.

En esta edición la Competencia Internacional fue numerosa: 20 títulos formaron parte de ella. Hubo concenso en la rigurosidad con la que los films fueron seleccionados si bien, como es de suponer, siempre hay títulos que no captan la atención de la mayoría. Si la idea era hacer un panorama de lo que acontece mundialmente, hubo para todos los gustos y el objetivo quedó plenamente cumplido. Hubo films que no fueron premiados pero que demostraron ser valisos, como por ejemplo La marea, How is your fish today?, Liv, La línea recta, Avida, Riza, o Bucarest 12:08. A nadie le hubiera molestado que algunos de los films de esa lista ganara. Las tres representantes locales fueron El asaltante, El desierto negro, y Estrellas, y mostraron que se puede seguir construyendo historias originales y de rigurosa calidad técnica. En el caso de Estrellas (que obtuvo varios premios) quedó bien claro que en cuanto a materia documental se pueden hacer trabajos no convencionales y al mismo tiempo reflexivos.

Los films argentinos en Competencia Nacional refutaron la idea que anunciaba un agotamiento. Casi una metáfora de ello fue la inclusión de UPA!, la gran ganadora. La película tiene imperfecciones, es cierto, pero es innegable que funciona como comedia y que tiene todo el nervio y el entusiasmo que acaparó la atención de la crítica, el jurado, y el público. Realizadores consagrados como Raúl Perrone, Andrés di Tella, y Rafael Fillipeli mostraron muy buenos trabajos y los más nuevos Pablo Parés (Filmatrón) y Matías Piñeiro (El hombre robado) entregaron sólidos films con mucha inventiva y rigor técnico.

El Festival parece haber vuelto a consignas estéticas de la “era Quintín”. Los films sobre música y sexo volvieron, y con todo... Pero lo cierto es que las propuestas de las secciones paralelas más osadas (Tearoom o Shortbus) no decayeron en lo estrictamente cinematográfico. Sigue siendo un defecto la inclusión de tantas retrospectivas, que obliga al espectador a no ver ni dos películas de un mismo cineasta “revisado”. La recuperación de Harrods es otro punto a favor, dado que la selección musical fue variada y de muy buena calidad. Otro notable evento fue la proyección de Brand Upon de Brain, del genial Guy Maddin.

El Festival comenzó con una polémica entre el INCAA y la cabecera del BAFICI. Sólo ese episodio no tuvo olfato a cine, sino a política. Fue la mancha de un evento que resultó pulcro e interesante. Esperemos que el año que viene se haya resuelto.

E.O.

Los premios:
- Mejor Película: “In Between Days”, de So Yong-Kim (Canadá)
- Mejor Director: Hugo Vieira da Silva, por “Body Rice” (Portugal)
- Premio Especial del Jurado: “Estrellas”, de Federico León y Marcos Martínez (Argentina)
- Mejor Actriz: Jiseon Kim por “In Between Days” (Canadá)
- Mejor Actor: Arturo Goetz por “El Asaltante” (Argentina)
Selección Oficial Argentina
- Mejor Película: “UPA! Una Película Argentina”, de Santiago Giralt, Camila Toker y Tamae Garateguy
- Mención Especial: “La León”, de Santiago Otheguy.
- Mejor Director (ex aequo): Rafael Filippelli, por “Música Nocturna”, y Raúl Perrone, por “Canadá”
Selección Oficial de Cortometrajes
- Mejor Cortometraje: “ABC, etc”, de Sergio Subero
- Mención Especial Mejor Cortometraje: “Simpatía”, Galel Maidana
- Mención Especial Mejor Cortometraje: “Ana”, de Gabriela Trettel
Selección Oficial de Derechos Humanos
- Premio a la Mejor Película: “9 Star Hotel”, de Ido Haar (Israel)
Cine del Futuro
- Mejor Película: “El tiempo que se queda”, de José Luis Torres Leiva (Chile)
- Mención Especial del Jurado: “Street Thief”, de Malik Bader (Estados Unidos)
Jurado Fipresci
- Premio a la Mejor Película de la Selección Oficial Internacional: “El telón de azúcar”, de Camila Guzmán Urzúa (Cuba / Francia)
Jurado Signis
- Mejor Película: “The Unpolished”, de Pia Marais (Alemania)
- Mención Especial del Jurado Signis: “Estrellas”, de Federico León y Marcos Martínez (Argentina)
Jurado ADF
- Mejor fotografía a: Jorge Crespo por “El Desierto Negro” (Argentina)
Jurado FEISAL
- Mejor Película: “Estrellas”, de Federico León y Marcos Martínez
- Mención Especial del Jurado: “La León”, de Santiago Otheguy
Jurado ACCA (Asociación de Cronistas Cinematográficos Argentinos)
- Mejor Película Competencia Argentina: “UPA! Una Película Argentina”, de Santiago Giralt, Camila Toker y Tamae Garateguy.
Premio ARGENTORES (Asociación Argentina de Autores)
- Mejor guión de película argentina: “Estrellas”, de Federico León y Marcos Martínez (Argentina)
Premio del Público (Auspiciado por el diario Clarín y Cinecolor)
- Mejor Película; “Filmatrón” de Pablo Parés (Argentina)

La antena, de Esteban Sapir

10 años tuvieron que pasar para que Esteban Sapir diera a conocer su segunda película, luego del estreno de aquel germen experimental que –según muchos- pregonaba lo que más tarde se denominaría el “Nuevo Cine Argentino”. “La antena” reconfirma el talento de Sapir para generar ambientes sugestivos, imágenes potentes, y un rigor técnico que no desentona con tamaña propuesta.

Nuevamente en riguroso blanco y negro, Sapir construye la fábula de una ciudad en la cual los habitantes han perdido la voz y son dominados por una poderosa corporación: “Alimento TV”, a cargo del ambicioso e inescrupuloso “Señor TV”. El siniestro personaje es interpretado por Alejandro Urdapilleta, cuyo histrionismo recuerda al Hitler de Meink Kaft que compuso bajo la dirección de Roberto Villanueva, años atrás.

El ambiente es ominoso y la ciudad remite a los clásicos del expresionismo alemán, sobre todo a Metrópolis de Lang, pero también a los escenarios de Murnau (en especial el de “La última carcajada”) y la imagen fantástica de George Melies. La mayor parte del film no tiene diálogos, y los carteles sobreimpresos que los reemplazan son al mismo tiempo manipulados por los personajes, recurso original que deviene en abuso.

En medio de la opresión aparece un hombre separado de su mujer (Rafael Ferro), cuya hija se involucrará con otro niño carente de ojos, pero que –a diferencia de los demás- puede hablar. Ese don también es un beneficio para su madre (Florencia Raggi) que, si bien tiene el rostro íntegramente tapado, interpreta canciones en un cabaret. La trama integrará a los personajes en la búsqueda de la libertad. El problema comienza cuando el personaje de Ferro recurrirá a su ex mujer, una enfermera interpretada por Julieta Cardinali. Allí el guión se vuelve sumamente previsible, pero la película sigue sorprendiendo a fuerza de su potente estética.

Metáfora de los tiempos actuales, “La antena” por momentos hace un torpe uso de algunos símbolos, como por ejemplo el de la esvástica. Sapir intenta poner de relieve la importancia de la libertad de expresión, tan imprescindible como la facultad de comer, de ver, de sentir. Su film es una invitación al goce de los sentidos, una inusitada experiencia en la cinematografía local. “La antena”, pese a sus defectos, no se parece a nada que hayamos visto por estas tierras. Y eso es mucho.
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E.O.
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La antena (Argentina/2004-2007).
Guión y dirección: Esteban Sapir.
Intérpretes: Rafael Ferro, Florencia Raggi, Alejandro Urdapilleta, Julieta Cardinali, Valeria Bertuccelli, Ricardo Merkin, Carlos Piñeiro, Raúl Hochman, Sol Moreno y Jonathan Sandor. Fotografía: Christian Cottet.
Música: Leo Sujatovich.
Edición: Pablo Barbieri.
Diseño de producción: Daniel Gimelberg.
Duración: 90 minutos.

La Venus de las pieles

La Venus de las Pieles, escrita en 1870, es la obra más conocida de Leopold von Sacher Masoch, padre del masoquismo. Claudio Quinteros ofrece en esta puesta una versión libre con modificaciones surgidas del trabajo con los actores.

Antes de ingresar a la sala es necesario atravesar un pasillo en el que el espectador es sorprendido por un personaje calvo, vestido de negro, sentado al lado de una telaraña encendida apoyada en el suelo. Umbral anticipatorio del espacio lúgubre, extraño y agobiante de las escenas masoquistas.

La obra se desarrolla a partir de la confesión que Leopoldo (Sebastián Duarte) le hace a Severino (Horacio Acosta) sobre la relación con su tía y de la subsiguiente narración de Severino sobre su contrato con Wanda para lo cual contrata una actriz (Carolina Fal).

Poner en escena la obra de Masoch implica aunar el relato de Leopoldo con el presente y el pasado de Severino: una obra de teatro -la actuación del contrato entre Severino y Wanda- dentro de otra obra de teatro –La Venus de las pieles-. Esta situación es resuelta a partir de un telón que separa el marco de la narración de su representación, y a partir de un piano que funciona como unificador de sendos momentos y como “voz narradora” de los diversos estados atravesados por Severino.

Es de destacar la escenografía utilizada en los aposentos de Wanda. Emulando La Venus de Velázquez y escenificando en forma sutil la intimidad de un dormitorio, predominan los colores rojo y ocre de los cortinados que contrastan con la blancura del cuerpo de Carolina Fal. A su vez, en contraposición con los objetos fetichistas-masoquistas se percibe una extraña calidez proveniente del color verde elegido para la pared posterior de la habitación. Por otra parte, la disposición de dos espejos refleja el gusto por las escenas fijas, fotografiadas, presente en las novelas de Masoch. De este modo un halo de suspenso manierista atraviesa la pieza.

A lo largo de la obra Carolina Fal representa el pasaje de mujer idealizada, mujer enamorada a mujer sádica. Junto a la actuación de Horacio Acosta encarnan las últimas palabras de la novela de Masoch: “Por el momento no tenemos más que una alternativa: ser el martillo o el yunque. He sido un asno e hice de mí el esclavo de una mujer. De allí la moraleja de la historia: quien se deja azotar merece ser azotado”.

Agostina Salvaggio.
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Espacio, texto y dirección: Claudio Quinteros.
Actúan: Carolina Fal, Horacio Acosta, Sebastián Duarte, Gabriela Marín, Federico Luján.
Escenografía: Julieta Potenze con la colaboración de Ariel Vaccaro.
El portón de Sánchez: Sánchez de Bustamante 1034.
Teléfono: 4863-2848.Viernes 23.00 hs.

22 abril, 2007

UN ENEMIGO DEL PUEBLO, de Henrik Ibsen.

Editado por primera vez en 1882, este drama realista, uno de los textos canónicos del autor noruego, tuvo en su momento una recepción heterogénea. Se estrenó un año después en el teatro de Cristianía y desde entonces se han hecho innumerables puestas en escena entre las que cabe destacar la de Stanislavski de 1905 y la adaptación de Arthur Miller en 1950. El protagonista, el Dr. Stockmann (Luis Brandoni), descubre que las aguas del balneario, fuente de trabajo para su pueblo y para él mismo, cuya construcción ha apoyado con fervor, están contaminadas y constituyen un serio riesgo para la salud. Se dispone, pues, a denunciar el hecho, reclamando el cierre del establecimiento para que se hagan las reformas necesarias. Su hermano Pedro (Alberto Segado), el alcalde, que ve en la clausura por dos años de esa fuente de ingresos la ruina material del lugar, se convierte en su principal opositor. Poco a poco casi todos los habitantes del pueblo, previendo la pérdida de su bienestar, se ponen también contra él.

La obra presenta a través de la confrontación inicial de los dos hermanos y luego del protagonista con toda la comunidad el debate sobre temas tan vigentes como la corrupción del Estado y el papel de cierto periodismo que, consciente de su poder como creador de opinión, subordina la ética a la conveniencia económica. También resuena con fuerza la cuestión de la contaminación ambiental, que inevitablemente nos remite al conflicto local por la instalación de las papeleras, sin necesidad de que se aluda a ello.

Sergio Renán ha tenido sobre sus hombros la ingente tarea de llevar este clásico a escena y tomado a su cargo diferentes rubros: la sonorización, la musicalización, la dirección general y la adaptación. Traslada la acción a mediados del siglo XX, aunque no es ésa la modificación fundamental. Al eliminar algunos textos de la pieza, que tiene como eje central el debate de ideas, suaviza las partes más urticantes de algunos parlamentos del Dr. Stockmann, aquellos que expresan con más fuerza la aversión de Ibsen al sufragio universal, por ejemplo.

Por otra parte, si las flaquezas del héroe y sus tensiones internas forman parte de su riqueza como personaje, la figura del protagonista, en el que se subraya la defensa de la verdad y el rechazo a cualquier tipo de soborno, sin duda admirables, pierde fuerza en términos dramáticos, al faltarle ciertos matices, suavizados por la eliminación y transformación de algunas de sus intervenciones. Ha desaparecido gran parte de la ambigüedad fundamental de este hombre, quien, rebelándose justamente contra una sociedad ciega y mezquina que no acepta la verdad, se considera un individuo superior capaz de desafiarlos a todos y de llevar a cabo solo la reforma moral del pueblo. Así, se erige con soberbia en el único hombre irreprochable y se instala con orgullo en una actitud intolerante y despectiva que no le permite ver que el pueblo, más allá de su acomodaticia ética burguesa, está naturalmente preocupado por su subsistencia. De este modo, el romántico idealismo del Dr. Stockmann provoca su ruina y la de su familia y no le permite ver su falta de flexibilidad a la hora de buscar una solución para el problema que se ha generado a partir de su descubrimiento, solución que no puede limitarse a la educación de las próximas generaciones.

En cuanto a los espacios, en el texto, el salón de la familia Stockmann, escenario predominante de los hechos, es modesto y acogedor, lo que no se evidencia en la escenografía, aunque sí queda expresado en la acción y las actuaciones. Sí resulta más adecuada la del periódico “La voz del pueblo”, sombría y desagradable, en tanto no del todo justificada la decisión de correr la acción de la casa del capitán al puerto, aunque la escena del debate sea por sí misma potente. Lo más cuestionable parece el operístico ascenso del salón para el final, que resulta opuesto a la caída del protagonista, que se refugia en una nueva utopía, atrincherado en su hogar.

Cabe señalar, por otro lado, que la pieza va ganando fuerza y ritmo a medida que avanza. Se destacan la gracia de Pepe Novoa, el curtidor Morten Küll – el único que puede justificar la idea inicial del autor considerar “comedia” a esta pieza – y las labores de Stella Galazzi como Catalina y de Horacio Peña en la piel de Hovstad.

Clara Ibarzábal


Autor: Henrik Ibsen
Actúan: (por orden de aparición) Pepe Novoa, Sergio Boris, Stella Galazzi, AlbertoSegado, Horacio Peña, Luis Brandoni, Marcos Woinski,Valentino Alonso, Kevin Melnizky,Nicolás Rodríguez Ciotti, Lucas Krourel, Petra, Julieta Zylberberg, Daniel Tedeschi, Montenegro, Pablo Rinaldi, Mario Fromenteze, Nora Edvard, Julia Hedving Lorena Vega, Maia Francia, Gabriel Conlazo, Luciano Linardi, Héctor Nogués, Pablo Alvarenga, Juan Manuel Fernández, María Celeste Gérez, Manuel Novoa, Mariano Fernández, Patricia Becker, Marina Cohen, Andrés Martínez, Zulema Caldas, Jorge Velurtas, Eduardo Silva Correa, Leonardo Méndez .
Coordinación de producción René Aure
Asistencia de dirección Ticiana Tomasi, Silvia Contreras
Asistencia de vestuario Sofía Di Nunzio
Asistencia de iluminación Florencia Martínez Bengolea
Musicalización y sonorización Sergio Renán
Vestuario Mini Zuccheri
Iluminación Eli Sirlin
Escenografía Graciela Galán
Adaptación y dirección Sergio Renán
Agradecimiento: Angelo Milano
Duración: 120 minutos, con intervalo

Teatro San Martín
Sala Martín Coronado
De miércoles a domingos a las 20.
Platea: $20- Pullman: $ 15
Miércoles, entrada general: $10

SEGOVIA (O DE LA POESÍA)

“El vino, como la muerte, iguala a los hombres”

En la novela Concierto de jazz (2000), el poeta Marcelo Atanassi, mientras escucha solo a los músicos, rememora su relación con Marina, amante del mafioso Fernando Segovia, a quien han dejado maniatado para huir luego de robarle. La siguiente narración de Accame, Segovia o de la poesía (2001) , retoma aquella historia; escrita casi como puro diálogo, parecía destinada de antemano al escenario, de modo que la adaptación difiere poco del relato original y fue hecha por el mismo autor, que siguió también de cerca los ensayos de esta puesta que dirige Villanueva Cosse.

El protagonista es Juan Cízico, amigo de Marcelo, quien le relata en la escena al doble ficcional de Jorge Accame la historia de aquella extraña noche en que recibió la visita del tal Segovia, que andaba tras los pasos de su querida Marina. El criminal y el escritor, naturalmente tenso y alerta frente a este hombre que sabe capaz de todo, acaban conversando acerca de distintos temas, como el amor y la poesía, con la rara sinceridad íntima a la incitan unas cuantas copas de vino. El costado amable del visitante no lo hace menos violento: el dueño de casa se ve envuelto inesperadamente en un ajuste de cuentas, e incluso deseando esa muerte. Un cuarto personaje, Cabido (Martín Coria), guardaespaldas del delincuente, si bien apenas aparece, tiene una breve pero fundamental participación en el epílogo.

Aquí se exponen, ya desde esta estructura en dos planos, las tensiones entre la ficción y la realidad. No sólo se reflexiona explícitamente acerca de la literatura y el ser de los entes que crea la fantasía o se cuestiona lo que ingresa dentro del canon, sino también se habla acerca de los relatos que creamos cotidianamente para darnos a conocer, para escondernos o para ser otros. Al mismo tiempo, ese vínculo casi amistoso que se entabla entre dos personajes tan disímiles, señala la dificultad de catalogar a los seres humanos, que cuando desvelan sus sueños y sus miserias, de pronto, no se reconocen tan lejanos.

La escenografía diseñada por Héctor Calmet, además de bella, intensifica esta perspectiva en estratos que la obra plantea. Por otra parte, la profusión de libros de esta casa impecable subraya la profesión de Juan, un individuo sumergido en el universo de la palabra, que ve interrumpida su pasiva tranquilidad por este hombre que a su modo ha elegido una vida de acción, regida por códigos muy particulares. La luz permite comprender los pasajes de un plano a otro y define los climas. El cuidado vestuario se adecua al caracteres. Los actores se ven cómodos en sus papeles; Pasik sabe decir con sencillez las líneas más arduas, en tanto Grimau compone un Segovia que ha hecho de sí mismo un personaje algo teatral. Villanueva Cosse se maneja con soltura en la piel del Accame dramaturgo-confidente, sorprendido por su misma creación y Martín Coria saca el jugo a un papel breve.

La pieza se acerca, es cierto, a una cuestión que no es novedosa; tampoco la estructura dramática o la puesta deparan sorpresas formales, no reside allí el atractivo de “Segovia (o de la poesía)”. Lo interesante es que, por la vía del humor y de cierto tono ligero, sin declamaciones retóricas, todo este planteo se le presenta en su riqueza al espectador, que puede leer la pieza en extensión o en profundidad, mientras disfruta de esa relación que se va tejiendo entre Segovia y Juan Cízico, quien a su vez tiene por confidente a Jorge Accame, “su” autor, encarnado por Villanueva Cosse, a la vez director de la pieza. Como receptores últimos, advertimos el juego de cajas chinas que pueden diluirse, como sucede con la representación una vez que termina. O tal vez no.

Clara Ibarzábal

Autor: Jorge Accame
Actores: Villanueva Cosse, Martín Coria , Antonio Grimau, Mario Pasik
Vestuario: Alfredo Bologna, Carmen Bologna
Escenografía: Héctor Calmet
Iluminación: Héctor Calmet, Miguel Morales
Dirección: Villanueva Cosse

TEATRO SARMIENTO
Dirección: Av. Sarmiento 2715 (Plaza Italia)
Teléfono: 4808-9479
Entrada: $15,00 - domingo, jueves, viernes y sábado - 21:00 hs
Entrada: $8,00 - miércoles - 21:00 hs

12 abril, 2007

Películas argentinas en el BAFICI (tercer informe)

Se acerca el final del festival y aún resta la llegada de algunas esperadas películas que ya tuvieron un importante recorrido por otros festivales, tal es el caso de Corazones, del director de Hiroshima mon amour Alain Resnais (premio al mejor director en Venecia), O ceu de Suely, de Karim Ainouz, Still Life de Jia Zhang-ke (Mejor Película en San Sebastián), y Juventud en marcha, del portugués Pedro Costa cuyo estreno mundial fue en el último Cannes.
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Como estamos en el tramo final algunas películas ya no se exhibirán. Pero ese no es el caso de “Estrellas”, último de los tres filmes argentinos en Competencia Internacional. Esta vez el director Federico León co-dirije en compañía de Marcos Martínez un documental que presenta a un particular personaje: Julio Arrieta, representate artístico de los habitantes de una villa. Lo más interesante de “Estrellas” es la cercanía con la que muestra un personaje tan llamativo mientras hace visible a su entorno. Arrieta pone de manifiesto su visión sobre la particularidad de los cuerpos de la villa y la condición del actor –como él mismo lo dice- “con portación de cara”. Finalmente, el documental tiene un gran humor que no distrae al espectador, sino que lo conduce a reflexionar más sobre lo que está viendo. Se verá por última vez el viernes 13 a las 20:15 en el Atlas Santa Fé 2.

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Libre de todo humor, “La león” es la ópera prima de Santiago Otheguy, fotógrafo de “Nordeste” de Juan Solanas. Seco, subyugante por sus imágenes rescatadas en alta definición y en blanco y negro, el film de Otheguy se fascina por Alvaro, isleño gay de pocas palabras que pasa sus días recolectando troncos junto a otros trabajadores. El film apunta a la mirada, la del protagonista (Juan Román) y la de los otros, como metáfora de lo no-dicho que a la vez reprime y distancia. En ese clima ominoso Alvaro entabla una conflictiva relación con El turu, un personaje homofóbico y racista interpretado por Daniel Valenzuela. Notables ambos actores.
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También fueron muy bien recibidas “El asaltante”, “Las mantenidas sin sueños”, “Las vidas posibles”, y “Filmatrón”. El primer caso se trata de la ópera prima de Pablo Fendrik y muestra el día de un hombre de mediana edad (notable Arturo Goetz) que se presenta de manera pulcra y amena en colegios privados para abonar cuotas atrasadas. Pero nada de eso ocurre, porque el hombre se dispone a asaltar y llevarse la “caja chica”. Fendrik le impone al relato todo el nervio posible, con virtuosos planos secuencia que recuerdan a la filmografía de los hermanos Dardenne. Todo lo que sabemos es lo que percibe el extraño asaltante, y en tiempo real, lo que duplica la ansiedad del espectador. El final guarda una sorpresa. De lo mejor de la competencia.

Fuera de competencia se vieron las películas de Vera Fogwill (Las matenidas...) y Sandra Gugliotta (Las vidas posibles). De la película de Fogwill no diremos nada, porque se estrenará en apenas dos semanas. Gugliotta presentó en la sección Noches Especiales su segundo film (el primero había sido Un día de suerte), una metáfora de la soledad y la fugacidad del deseo. A diferencia de su opus 1, aquí lo que no abundan son las palabras. Las miradas, el detenimiento de los gestos o el rictus de los labios, ese tipo de detalles, son los que utiliza la directora para contar la historia de una mujer que pierde el contacto con su marido de manera súbita. Dispuesta a encontrarlo parte al sur, el lugar en donde el hombre iba a hacer negocios. Allí encuentra a su doble (o tal vez no), con una vida establecida hace años. El tono del film remite a David Lynch, con una banda sonora que alterna graves y agudos y una notable fotografía que impregna a cada espacio de colores ocre. Los paisajes patagónicos remarcan esa sensación de soledad y oprobio en este film que nos recuerda a Bajo la arena, de Francois Ozon. Excelentes actuaciones de Germán Palacios, Ana Celentano, y (toda una revelación) Natalia Oreiro.

Las vidas posibles produjo una sensanción de angustia que fue necesario contrarrestar viendo Filmatrón, un delirio con la firma de Pablo Parés y toda la inventiva de Farsa Producciones. Retomando la idea argumental de 1984 de Orwell, el film en Competencia Argentina muestra a una sociedad totalmente manipulada por un gobierno que impone un único canal oficial. Un joven que escapa de esa abulia produciendo historietas decide realizar su propia película. De esta manera se enfrenta al gobierno, que promueve un “concurso de films” para dar una sensación de democracia que en la realidad no se cumple. Con elementos “caseros”, Filmatrón explota al máximo las posibilidades de la imagen mediante una estética de comic y cine clase b, ingeniosas secuencias, humor, y muchísima originalidad. Y lo hace a través de una clara metáfora de la sociedad en la que vivimos. Cierta ambiguedad del final produce en el espectador una bienvenidad invitación a la reflexión. Filmatrón se verá nuevamente el viernes 13 a las 00:15 en el Hoyts 8 y el sábado 14 a las 18:30 en el Atlas General Paz 5.

Otra verdadera experiencia cinematrográfica fue la que vivimos al ver “Brand Upon the Brain”, de Guy Maddin. “Experiencia” es la mejor palabra que encuentro para clasificar a “Marcas en el cerebro” (título original). Narrada como una película muda del expresinismo alemán, Maddin incluyó además una narración en vivo a cargo de Geraldine Chaplin (justamente ovacionada, antes y después del espectáculo), tres hombres vestidos con guardapolvo blanco (como si estuvieran en un laboratorio) que producían con diversos instrumentos los sonidos del film, y un castratti que entonó algunas bellas canciones. Semejante puesta fue la necesaria para enaltecer este film oscuro, inquietante, matizado con algunos toques de humor, que cuenta la historia de un joven llamado Guy Maddin en una lejana isla. Allí sus padres dirigen un perverso orfanato. El padre utiliza a los niños para extraer una hormona que lo mantiene joven, al tiempo que realiza extraños experimentos. Los primeros planos remarcan todo el pathos de los personajes. Experiencia visual inusual, sin lugar a dudas uno de los acontecimientos de este BAFICI que ingresó en su recta final.

E.O.