02 marzo, 2009

Entrevista a Javier Pomposiello

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Javier es un joven actor que continúa su formación en la Escuela de Marcelo Katz, director de Aires (ver nota de Clara Ibarzábal). Aquí comparte sus reflexiones sobre la esencia del clown y -desde luego- el espectáculo del cual forma parte.

En Aguas el grupo trabajó con un elemento palpable. ¿Cómo fueron encontrando una dramaturgia que se correspondiera con algo inmaterial como lo es el aire?

El proceso creativo de ambos espectáculos fue muy distinto y no sólo por el elemento en cuestión. “Aguas” se creó con números presentados por alumnos y ex alumnos de la Escuela de Marcelo Katz. A lo largo del año 2007, Marcelo propuso a todos sus alumnos que presentaran números utilizando al agua como eje temático. De todo el material que surgió seleccionó una docena de números, que luego de ser retocados, desarrolló con ellos su puesta en escena.

“Aires” es un espectáculo de la compañía Clun de Katz, en donde los diez clown que actuamos (5 somos también alumnos) recorrimos el proceso creativo de "Aires" desde la página en blanco hasta la obra terminada.

Como participante en el proceso creativo y en la actuación de ambos espectáculos, podría decirte que el hecho de trabajar con los elementos ofrece una cantidad interminable de posibilidades, debido a su universalidad. Claramente, el color y la dinámica que genera cada elemento es completamente distinta. Con “Aguas”, el hecho de estar trabajando en escena con el elemento mismo, mojándonos, salpicándonos, sambuyéndonos, etc., nos posibilitó un juego directo, concreto y muy potente.

Con "Aires", si bien el elemento no es palpable, lo es todo aquello que recibe la influencia de su movimiento. Máquinas sopladoras que generan tormentas de nieve, los sonidos del aire en movimiento, un mundo volátil de burbujas humeantes, sorbetes, el espacio abierto del patio del aljibe, etc. conformaron un pequeño mundo que fuimos creando o descubriendo y que nos invitó a plasmar su dramaturgia. Con el ojo central de Marcelo y con nuestro juego en escena fuimos encontrando en el trabajo con el aire una poética onírica, por momentos apocalíptica y a la vez hilarante y disparatada.

¿Por qué crees que el clown resume como pocas figuras el arte de entretener y el de emocionar?

El clown, como nosotros lo concebimos, no es un actor que compone un personaje. Es la persona misma que deja que afloren todas las cosas que en la vida diaria acostumbramos a esconder. Los temores, el ridículo, las miserias y todo aquello que está en cada uno pero que preferimos ocultar en la vida, es el potencial material de trabajo del clown. Los grandes personajes del teatro clásico saben lo que hacen. El clown no tiene idea y tiene que ponerse a resolver. Esto genera mucha identificación en la gente. El público disfruta mucho ver alguien que convierte en escena las mismas cosas que le pasan a uno y las exacerba y lleva al disparate total. El clown es transparente, vulnerable, deja ver su alma y eso divierte y emociona. En definitiva se trata de reírnos de nuestra humanidad, y por lo tanto celebrarla.

A la vez el clown posee una mirada nueva para todo, una mente simple y un juego permanente con todo lo que encuentra. Es así que construye nuevos mundos a partir de elementos y temas de lo más comunes. Eso lo acerca a la gente. Por ejemplo en "Aires", utilizamos aspiradoras, secadores de pelo, sorbetes de gaseosa y demás cosas domésticas, pero con una mirada nueva, creando cuadros muy bellos y muy cómicos.

¿En qué radica la universalidad del clown?

Tanto en la formación que he recibido como en el concepto de espectáculos en que participo, entendemos al clown del modo en que me he expresado en la pregunta anterior. Y creo que, en rasgos generales, es el modo en que lo concibe la mayoría de los referentes en este país.

No me animaría a afirmar cuáles son los elementos que determinan al clown de modo universal. De hecho hoy y a lo largo de la historia, el término Clown se ha utilizado para una diversidad de artistas y espectáculos tan grande que cuesta llegar a una conclusión de ese tipo. Además los rótulos existentes no ayudan. Está la técnica de clown creada por Jaques Lecoq, que es la que tomamos nosotros. Pero la traducción de la palabra al español es payaso. Por lo tanto somos payasos, pero no con las características que ha institucionalizado el circo para esta figura, ni mucho menos el denominador común de espectáculos infantiles.

Tal vez, la única universalidad del clown sea que es un artista con una gran capacidad de juego convertida en escena, con intensión de emocionar al publico.

Luego hay una cantidad de cosas que podríamos señalar como inherentes universo del clown, pero que no creo que sean condiciones excluyentes: el humor, el contacto directo con el público, la ternura, ser artesanos de sus propios espectáculos, la nariz roja, etc.

A veces escucho o me encuentro con definiciones en libros o en la web de lo que un clown “debe ser” y no me identifico en absoluto. Tal vez deberíamos revisar los rótulos.

¿Cómo se fue elaborando Aires? Si seguimos una línea, ¿podremos ver algún día Fuego, por ejemplo? ¿Lo han pensado?

Cuando Marcelo me convocó para idear un nuevo espectáculo, lo primero que decidimos fue continuar la saga de elementos. Entonces elegimos que era el turno del aire y nos pusimos a bocetar ideas, imágenes y demás delirios para sentar una propuesta para el elenco. Luego el director conformó el elenco, en cual participan algunos clowns que ya estaban en la compañía y otros que fuimos incorporados, mas asistentes, mas diseñadores de objetos, escenografía y vestuario, compositor musical y coreógrafo.

El proceso de elaboración de AIRES fue un laboratorio intensivo con 6 ensayos semanales durante varios meses. Allí experimentábamos con propuestas que traía cada clown, con las bocetadas previamente, y con otras que surgían espontáneamente. Entonces experimentábamos con esas ideas. Uno traía secadores de pelo, otros burbujas y máquinas de humo, o avioncitos de papel, corporización de distintos vientos, etc.

Doy un ejemplo mío: Uno de esos días, yo estaba con mi hijo de tres años en un bar. Mi hijo tenía un jugo de naranja. Yo agarré el sorbete que venía con su jugo y soplé haciendo volar al papel que lo envuelve (acción de lo más conocida). Mi hijo rompió en carcajada. Al día siguiente llevé varios sorbetes al ensayo y propuse usarlos. Comenzamos a probar distintas ideas, y hoy tenemos en "Aires" el número de los sorbetes.

Fueron más de 60 ideas probadas y desarrolladas y todas ellas fueron sugiriéndole a Marcelo y al elenco, un camino a tomar. Luego de madurar las propuestas, Marcelo seleccionó aquello que consideró que rendiría mejor y que ilustrara de mejor modo ese espíritu de espectáculo que empezaba a aparecer. Se trabajaron los números y sus nexos. Luego se terminaron construir los elementos para las escenas, ajustes varios, soluciones técnicas y demases cuestiones de puesta. Vino el estreno y aquí estamos en plenas funciones.

Por supuesto que pensamos continuar la saga de elementos, y de hecho ya se está trabajando en ello. Pronto habrá novedades al respecto.

Contáme cómo es la recepción de la obra.

"Aires" ha tenido una excelente recepción de forma inmediata y eso es una alegría luego de tanto trabajo y tantas horas dedicadas. El patio se llena y gente de todas las edades disfruta muchísimo de cada escena. La obra es realmente muy original y muy divertida. Te puedo asegurar que en un espectáculo de clown, el resultado se nota en seguida. El disfrute del público es muy sonoro. Y en el patio del aljibe del Recoleta está sucediendo algo muy lindo con "Aires".


Ezequiel Obregón

AIRES, DE MARCELO KATZ

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¿Cómo elaborar un espectáculo a partir de una materia tan evanescente como el aire? Nuevamente en el patio del aljibe del Centro Cultural Recoleta, como en Aguas, Marcelo Katz y su grupo de clowns nos sorprenden y nos deleitan probando que la imaginación lo hace posible

Esta vez, en el fondo, paneles negros. Los actores se presentan jugando con rollos de papel: lo cotidiano se transforma en material lúdico y estético ante los ojos agradecidos de compartir la magia.

Las máquinas de humo asumen aquí una nueva funcionalidad. De la misma manera, un lanzapapeles y un ventilador, un secador de pelo o una aspiradora pueden convertirse en objeto de juego escénico en manos de estos jóvenes y talentosos payasos que continuamente trabajan atentos al vínculo con el público de todas las edades que se asombra y participa de la diversión y el disparate continuo. Hay muchos otros elementos, desde el mítico avioncito y las bienvenidas pompas de jabón a los sorbetes, siempre ligados con ingenio y plasticidad a la temática propuesta. Todos los textos que se enuncian como las canciones se vinculan también con el aire, sin forzamientos, con humor y poesía.

Seguir describiendo lo que se ha visto quitaría parte del placer de la obra, que consiste en disfrutar del hallazgo de una mirada fresca, capaz de conferir nueva vida a elementos que manejamos y vemos todos los días, como sucede en algunos cuadros muy logrados, como el show musical donde se interpreta de particular modo el bello tema “Fly me to the moon”. Cabe destacar también un particular concierto, el número del recitado de poemas, el del lejano oeste y el de las burbujas. El diseño de luces se acopla perfectamente con las necesidades del espectáculo.

Los payasos se desempeñan con gracia, cada uno trabaja desde su propia personalidad, lo que enriquece la labor grupal. Quienes tienen a su cargo los pasajes más cómicos, de mayor vínculo con los espectadores, generan muy buenos momentos en la noche al aire libre. Grandes y chicos hallan aquí un espacio de goce y la oportunidad de establecer un vínculo desde la sensibilidad y el juego. Nada menos que teatro.

Clara Ibarzábal

Autor: Marcelo Katz
Actuan: Juan Carlos Bratoz, Cecile Caillon, Demián Candal, Julieta Carreras, Pablo Fusco, Martín López, Lisandro Penelas, Javier Pomposiello, Luciana Wiederhold, Erica Ynoub
Diseño de vestuario: Brigida Lozzi
Diseño de escenografía: Gabriel Diaz
Diseño de luces: Fernando Berreta
Diseño sonoro: Pablo Bronzini
Realización de escenografia: Gabriel Diaz
Música original: Pablo Bronzini
Fotografía: Sol Levinas
Utilero: Analía Gaguin
Asistencia de dirección: Leonardo Quiroz
Asistencia de puesta: Alejandra Varela
Prensa: Daniel Franco, Paula Simkin
Producción ejecutiva: Iris Intilangelo
Jefe técnico: Gabriel Diaz
Coreografía: Diego Bros, Marcelo Katz
Dirección: Marcelo Katz

CENTRO CULTURAL RECOLETA
Junin 1930 Capital Federal Teléfonos: 4803-1040
http://www.centroculturalrecoleta.org
Entrada: $ 20,00 - Domingo y Sábado : 20:30 hs.

Ensinapsis te invita al teatro!

Ensinapsis vuelve, y no deja de invitar a sus lectores al teatro. En esta oportunidad, para ver Albina, de Mónica Salerno, obra que recibió el segundo Premio Germán Rozenmacher de Nueva Dramaturgia, en el marco del VI Festival Internacional de Buenos Aires 2007. Fue editada por el mismo festival y traducida al inglés y al francés.

Albina es albina, Lucía no.
Son hermanas, son las chicas Kowalski, las únicas en un barrio de hombres de pies feos y lastimados, apiñados alrededor de una fábrica.
Gallotti ha matado a los conejos del amo Capalbo.
Ahora anda sin religión y quiere cobrarse la deuda.
El padre ya no puede moverse, sólo engorda, el criadero de caracoles no funciona. La deuda se hace infinita.
Todo es ruina y desolación.
Se dice que un mechón de albina cura cualquier enfermedad.


Albina puede verse en el Teatro del Pueblo, Av. Roque Sáenz Peña 943, los viernes a las 21 hs.

¿Cómo obtener un par de entradas? Muy sencillo: deben escribir a ensinapsis@gmail.com, dejar un número de teléfono y los últimos tres números de su DNI.

28 octubre, 2008

Aquello que llamamos felicidad

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Con el estreno de Conversaciones después del entierro se confirma el poder de recepción que tienen las obras de la francesa Yasmina Reza en Buenos Aires. Si ART fue -hace más de diez años- un hito de convocatoria, los posteriores estrenos de Tres versiones de la vida y El hombre inesperado confirmaron el interés del público por las obras de Reza.

Esta nueva obra dirigida por Luciano Suardi muestra un cuadro familiar al borde de la desintegración luego del entierro del pater familiae. Sin contar con ninguna trama rígida, el texto se aproxima a un momento particularmente dramático de esta familia, alterada aún más tras la aparición de Elisa (Carina Zampini), ex mujer de Alex (Federico Olivera) , hermano de Edith (Natalia Lobo) y Nathan (Alejandro Awada), con quien la mujer revive un affair que pone en tensión la relación entre los hermanos varones.

También están el tío Pierre (Héctor Giovine) y su nueva esposa (Marta Bianchi), que sirven en la familia como un referente de las parejas que se conforman en una edad avanzada. Ese vínculo (abordado en varios momentos de la pieza desde la comicidad) permite contraponer el malestar existencial que se percibe en los tres hermanos. Sobre todo en Alex, el más joven. Conversaciones después del entierro, desde ese punto de vista, es una obra tan melancólica como un muchacho que no tiene perspectivas, pero que las percibe a su alrededor.
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Luciano Suardi ha comprendido esa capacidad del texto de construir sentido desde lo no dicho, lo trivial, y las relaciones vinculares. Federico Olivera no siempre consigue sostener toda la desazón del personaje más allá del gesto. Pero el elenco se luce, y la escenografía de Jorge Pastorino resulta esencial para ese lucimiento. A través de un gran muro que se desliza hacia los costados y de cuya superficie emergen elementos que ambientan los diversos espacios, la pieza logra unir el espacio cotidiano con el estado subjetivo, cargado de las reflexiones que surgen de los personajes.
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Toda la obra está teñida por un halo chejoviano. Más allá de un hecho contundente (¿acaso hay otro que lo sea más?) como la muerte del padre, las situaciones son cotidianas. Desde la trivialidad de los diáligos comienzan a aparecer reflexiones de impronta metafísica, que ponen en tela de juicio los pasos acertados de los personajes, los que deberán meditarse, y los que aún son imperceptibles.
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Ezequiel Obregón

LA PESCA, de Ricardo Bartís

Sólo queda un charco del Maldonado en ese sótano de la calle Beláustegui, donde acostumbran bajar Don Atilio, René y esta noche, como invitado, Miguel Ángel, a quien le cuesta desconectarse de su negocio. Los otros dos lo irán instruyendo mientras lo sumergen – como a nosotros – en el universo ilusorio. Allí, con todos los enseres, practican lanzamiento de mosca. “Tenés que imaginarte”, le dicen, así se ingresa en ese espacio evadido del tiempo, en los restos ruinosos del antiguo club “La gesta heroica”, como reza el viejo cartel que habla de tiempos gloriosos. Así se conserva y reaviva en la oscuridad, con el recuerdo y la imaginación, el pasado; allí se alimentan los sueños. Los tres hombres hablan de sus pasiones, la pesca y las mujeres, con las mismas palabras: enganchar, poseer, pescar, atraer. En el fondo, cada uno refiere su propia soledad, el desesperado intento de esquivarla, de encontrar alguna forma de intimidad y contacto, con ellas y entre ellos mismos. Atilio, viudo y enfermo, vive instalado en aquella idealizada época de esplendor, cuando “plantaban truchas”, cuando gozaba de la compañía de su esposa. Con ingenio extravagante, ha inventado el sistema de luces que permite pescar en al oscuridad de ese estanque urbano. René lo sigue como a su maestro, mientras sueña con el afecto de Irene, la hija del viejo, a quien considera su novia. Miguel Ángel tiene sus propias penas; bajo su saco y su corbata, hay un hombre irascible, que es también el sufrido enamorado que padece todavía la herida del abandono de Alicia.


En ese universo masculino donde la mujer es ausencia omnipresente, se habla también con calor de política, del peronismo con sus internas y sus tensiones irresueltas. Se asoma la Argentina devastada que no puede borrar los horrores ni el dolor del pasado, porque las marcas están grabadas en el cuerpo social como en esas paredes húmedas las subidas del río que corre bajo la avenida. La fábrica abandonada, ese pozo en medio de la ciudad, sirve de refugio a la utopía, constituye un grotesco y entrañable espacio del rito de la pesca, un rito que remite a un tiempo demorado, fuera de lo cotidiano, que determina el ritmo profundo de la pieza, muy ajeno al de arriba, al que se resiste a pertenecer, como ciertos teatreros.

No faltan en la obra los momentos dramáticos: la espera inútil, el pique inútil, el hilo que se corta; la violencia tampoco, ni el humor, esa forma sutil de decir la tristeza. La virtud de Bartís, entre muchas, consiste en plantear todo esto en diálogos simples, que fluyen en los preparativos y en el aguardar. Los actores, con personajes muy bien delineados que interactúan modificándose lentamente, logran hacer verosímil ese potente mundo poético en el que nos reconocemos. Boris, De Feo y Machín – muy especialmente – crean con sus cuerpos afectados ese universo que nos toca en lo hondo.El diseño y el aprovechamiento del espacio (el piso superior, el “balcón”, la escalera, el baño, el estanque) nos hacen sentir que también nosotros descendemos al sótano y allí también buscamos respuestas.

Experimentamos el goce de ese teatro nada trivial, consciente de sí mismo y de su valor, el que nos presenta una metáfora viva en la que podemos seguir buceando. Entretanto, nos preguntamos, mientras reímos y nos conmovemos, en qué creemos todavía, qué esperamos, si nos apasionamos con intensidad, si seguimos resistiendo.
Clara Ibarzábal

Actuaciones: Sergio Boris, Carlos Defeo, Luis Machín
Vestuario: Magda Banach
Realización escenográfica: Ricardo Félix, Norberto Laíno
Fotografía: Andrés Barragán
Asistencia técnica: Andrés Irusta
Asistencia de dirección: Jazmín Antar
Prensa: Daniel Franco, Paula Simkin
roducción ejecutiva: Lorena Regueiro, Domingo Romano
Dirección: Ricardo Bartís

SPORTIVO TEATRAL
Thames 1426 - Capital Federal
Teléfonos: 4833-3585
Entrada: $ 40,00 - Jueves - 23:00 hs - Desde el 20/11/2008
Entrada: $ 40,00 - Viernes y Sábado - 22:00 hs - Desde el 20/11/2008

¿Dónde está Liza?: Puro ritmo

Los Pepper Top Singers están de vuelta, esta vez con un ágil espectáculo en donde los protagonistas van tras los pasos de la mujer que admiran: Liza Minnelli. Es así como se lanzan a viajar, para emprender una búsqueda disparatada. “Cuatro fanáticos sueltos, cantando y bailando hacen de todo para llegar a ella, desde transformar un éxito suyo en un Mambo, hasta escribir un Himno dedicado a su ídola”, según cuenta Alejandro Ibarra, director e intérprete.

¿Dónde está Liza? es un homenaje a una de las más grandes artistas que ha dado la escena internacional. Es un espectáculo dinámico que lo mantendrá atento a las andanzas de los protagonistas, quienes con mucho respeto toman canciones fácilmente reconocibles como New York New York o City Lights a modo de tributo. El show cuenta con un vestuario colorido donde no faltan las galeras y los zapatos de tap.

Para destacar, el programa con formato de tríptico incluye la ficha técnica completa, la sinopsis y un breve currículo de cada uno de los artistas, al mejor estilo de los musicales. Tan acostumbrados hoy en día a las postales, es un logro que recuperen el programa tradicional, el cual para muchos espectadores es un recuerdo-material de la obra a la que asistieron.

¿Dónde está Liza? es, finalmente, un musical que les permitirá pasar un buen momento en pleno San Telmo. Y les recordará que muchas veces lo que buscamos fuera, lo llevamos dentro.

Georgina Falbo

Los Pepper Top Singers son: Emanuel González Castro - Mariana Jaccazio - Alejandro Ibarra - Johanna Sciar
Coreografía: Alejandro Ibarra
Tap: Jimena Olivari
Dirección musical y arreglos: Matías Ibarra
Producción ejecutiva: Isidoro Defina
Puesta en escena y dirección: Alejandro Ibarra
Funciones: Viernes a las 23:15
Localidades desde $30

Molière Teatro Concert: Balcarce 683 - Reservas: 4343-0777