15 julio, 2007

Manifiesto Vs. Manifiesto: El cuerpo y el arte, un problema existencial

Las primeras dos palabras que escuchamos de los actores en esta obra son dos: el cuerpo. Ocurre que de eso se trata la pieza; de la relación del cuerpo con el arte, y del cuerpo en si mismo.

A través de un Manifiesto que consta de nueve partes, al estilo de Vigilar y castigar, los tres actores van a ir narrando su propia relación con el cuerpo: el cuerpo medicalizado, el cuerpo erotizado, el cuerpo publicitado, el cuerpo intoxicado.
Aquí se trata de poner en funcionamiento el cuerpo masculino en todas sus vivencias: el amor y el sexo; el alcohol y las drogas; la muerte y la angustia; el dolor y el suicidio.

Decimos que la obra tiene relación con la obra de Foucault porque desoculta el lado perverso y "no políticamente correcto" del cuerpo del varón dentro de las situaciones limites antes mencionadas. Pero también aparece el fantasma del arte. Luego de haber atravesado un siglo XX, plagado de revoluciones y revulsiones, los actores se preguntan: ¿Qué es arte hoy?

¿Es arte cualquier cosa que es realizada en un escenario, o en un museo? Y si esas intervenciones podrían ser consideradas, en la vía pública, como delito o locura ¿sigue siendo arte?

En relación a los Manifiestos de un tal Rudolf S, se producen las reflexiones. Este personaje esta cabalmente interpretado por Eduardo Misch. Del pensamiento del "vanguardista austriaco"- apócrifo- se disparan los relatos y las acciones corporales de los otros dos actores.

La obra no busca el tono solemne, sino todo lo contrario. Es una aproximación al fenómeno de la ontología del arte y del cuerpo, en clave de farsa. Por eso, la escena del baile desenfrenado de los tres personajes es de antología.

La puesta es austera y está acompañada por un video sobre Rudolf, muy logrado estéticamente. Los tres actores (Eduardo Misch, Federico Pavlovsky y Patricio Abadi) se lucen con sus interpretaciones de hechos cotidianos. Han "hecho carne" los textos de Susana Torres Molina como si fueran propios. Marcelo Mangone ha aportado el ingrediente de masculinidad a la dirección de una obra escrita por una mujer.

La pregunta ¿Qué es el cuerpo? gira alrededor de toda la pieza. Si usted decide verla conocerá las respuestas de los actores y los directores a este problema.
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Silvia Sánchez Urite

MANIFIESTO vs. MANIFIESTO de Susana Torres Molina
Intérpretes: Patricio Abadi, Eduardo Misch, Federico Pavlovsky
Diseño escenográfico, lumínico y sonoro: Susana Torres Molina/ Marcelo Mangone
Realización audiovisual: Lucrecia Oviedo/ Rocío Calari/ Lisandro Colaberardino
Realización escenográfica: Eduardo Manfredi
Colaboración escenográfica: Jorgelina Herrero Pons
Operación Técnica: Mabel Rosati
Diseño gráfico: Susana Torres Molina/ Marcelo Mangone
Asistencia de dirección: Fiorella Cominetti
Prensa: Duche- Zárate
Dirección: Susana Torres Molina y Marcelo Mangone
Esta obra obtuvo el Premio F – LEA- Grupo Faena (Teatro)
Sábados a las 20 en Beckett Teatro, Guardia Vieja 3556, Tel: 4867- 5185
Entradas: $ 20

25 junio, 2007

Buenos Aires se pone HOT

El Séptimo Festival de Cine de Temática Sexual hace presencia en Buenos Aires (ya estuvo en Salta y en La Rioja) y promete ser un festín para aquellos espectadores que gusten del tratamiento del cine sobre el sexo.

Este festival fue creado con el objetivo de difundir las nuevas producciones, destacando y apoyando la creación de tendencias y propuestas estéticas desce todo el mundo, haciendo foco en el sexo en su libre expresión.

El jurado está compuesto por Lizette Vila Espina (documentalista cubana), Pablo César (director de cine, profesor en la FUC) y el actor Diego Capusotto.

Los cortometrajes programados en competencia podrán verse el día martes 26 de junio a las 21 horas, en tanto los mediometrajes se exhibirán a las 13 hs. A las 17 hs. se podrán ver los cortometrajes fuera de competencia, en todos los casos en la sala Tita Merello, en donde Lizete Vila también proyectará sus documentales, a las 19 hs.

La entrada cuesta 3 pesos, y la programación completa está en www.galloverde.com.ar.

Una solterona chapada a la antigua sufre por amor

El joven pintor León va a pasar unos días de descanso en la campiña francesa. Se va a hospedar en un pequeño hostal, donde conocerá a Harriet, “una inglesa de cierta edad”; solterona que ama la naturaleza y reniega de los principios religiosos de su familia.

Desde el principio sabemos que la historia termina en tragedia; un León ya maduro mira retrospectivamente hacia sus 25 años el affaire que tuvo con la inglesa.

Dice que no le desea a nadie vivir un amor tan desgraciado. El León maduro retrata al León joven y a Miss Harriet con tiza. Más tarde ellos van a tomar vida, pero casi en un registro de narración oral; la escenografìa es un pizarrón. En cambio, el vestuario es muy importante; Harriet vestida de blanco, León también.

La historia dura apenas unos pocos días. León conquista a esta solterona a través de la belleza de sus cuadros, y con sus observaciones sobre lo que ella ama: la Naturaleza. Van a recorrer juntos los bosques y la playa.

Cuando se insinúa la consumación carnal, Harriet sentirá temor y no se entregará a él. Entonces, en una decisión desacertada, León va a compensar sus pulsiones con una criada del hostal de 18 años. Harriet los va a ver, y va a huir hacia lo desconocido. Después va a llegar una tormenta, y en una ciénaga las mujeres de la pensión creerán vislumbrar un animal muerto: “un caballo que cayó por la pradera en la mitad de la lluvia”. El espanto aparece cuando León reconoce un pie y una pierna muy blancos, los de Miss Harriet.

Miss Harriet ha decidido morir por un desengaño de amor. El va a velar por ella, en sus últimos instantes. Y la va a despedir con un beso, hacia la otra vida. Harriet va a morir para abonar la tierra del bosque y reintegrarse al ciclo natural de la Naturaleza. En ese sentido, Harriet muere vestida de blanco, como una novia en su noche nupcial.

La iluminación enfoca en diversos tonos el vestido blanco a lo largo de la obra; de acuerdo al avance del romance con León. El cuento, de fines del siglo XIX refleja el pudor de una sociedad- la victoriana-que hoy nos resulta ingenua y acartonada. Pero, a veces es necesario volver para atrás, para rescatar otras visiones de la moral y de la sexualidad que nos son ajenas.

Lo importante es el relato de una historia casi insignificante, pero que no lo es, ya que se cobra una víctima. Al principio de la obra, se dice que, en esa época, las solteronas de buen pasar recorrían Europa, en busca de aventuras. La tragedia de Harriet es que no pudo llevar a cabo su deseo. Algunos tenemos historias de tías abuelas solteronas que no se casaron porque su único novio murió de tuberculosis, o algo asì.

Por eso, hoy, ante el exceso pornográfico del baile del caño y de los trapitos al sol de Gran Hermano, este cuento puede pecar de inocentón. Pero, a veces hace falta añorar un amor como los de antes, del siglo XIX; trágico por “lo que pudo haber sido”, y no decadente por sobredosis de lujuria.

La adaptación del texto está llevada a un lenguaje actual, y exento de arcaísmos. Geraldine Seff y los dos actores que interpretan a León –Pablo Quiroga y Marcelo Velásquez- traen a escena el recuerdo de una moral extinguida, pero que vale la pena rescatar del arcòn de la memoria.

Silvia Sánchez Urite

Harriet, boceto sobre una inglesa de cierta edad
Dir.: Geraldine Seff y Gabriel Fernández Chapo
Basado en el cuento Miss Harriet de Guy de Maupassant

Elenco: Pablo Quiroga, Geraldine Seff, y Marcelo Velásquez.
Adaptación: Gabriel Fernández Chapo.
Dramaturgia de escena: Pablo Iglesias.
Vestuario: Natalia García Barros.
Diseño de Iluminación: Pablo Quiroga.
Viernes a las 21 en el Centro Cultural Rojas, Av. Corrientes 2038.
Temporada 2007- Ciclo Operas primas .
Entradas: $ 10.

Entrevista a Ana Katz

Gentil, luminosa, precisa. Así es Ana Katz, cuyo segundo film “Una novia errante” acaba de estrenarse luego de su paso en el Festival de Cine de Cannes. En este film, la directora aborda cinco días en la vida de Inés, personaje que interpreta, que ha sido abandonada por su novio en medio de un plan vacacional. Katz ingresó al campo cinematográfico con El juego de la silla, si bien ya había desarrollado una interesante carrera teatral. Nos concedió esta entrevista en su oficina de Flehner, la productora para la cual dirige publicidades.

Venis de Cannes. ¿De qué se trata esto de haber ido al “festival de festivales”?

Estoy contenta de la experiencia de Cannes, de cómo le fue a la película. Es un poco agotador porque es un festival muy vertiginoso, en donde hay proyecciones simultáneas y muchas actividades paralelas. Se calcula que durante los diez días que dura el festival pasan 150.000 personas. Todo es muy organizado, hay credenciales y pases para una cosa y pases para otra. Para mí fue muy importante como experiencia, a la película le fue muy bien y eso significa un buen comienzo. Uno siempre tiene la ilusión de hallanar un poco un camino que es complejo, que es el de hacer películas, y en ese sentido está buenísimo.

¿Cómo fue el proceso de realización del film?

En realidad primero hicimos el rodaje, se presentó en el Bal del BAFICI en donde ganó el premio Work in Progress, y luego fue seleccionada en San Sebastián para Cine en Construcción, allí ganó el premio de la industria, y con ese premio se terminó la película en España, y al mes y medio de haber vuelto tuve la noticia de que íbamos a Cannes. El ritmo fue rápido e impulsivo. Algo del impulso del personaje lo tiene el impulso de la película.

¿Cuál fue la génesis de la película?

Quería trabajar sobre el amor no correspondido. Los miedos y la fragilidad del amor desde el punto de vista de una persona no tanto en torno a la relación entre dos, sino en relación al que no es escuchado.

Este tono que tiene algo muy dramático y a la vez absurdo de tu personaje, ¿lo fuiste encontrando a la par que avanzabas en la escritura o ya estaba establecido?
No, en verdad escribimos con Inés Bordegaray y trabajamos a lo largo de un año en el guión, intentando encontrarle un punto de equilibrio muy particular porque queríamos conseguir una intimidad muy grande entre el guión e Inés, y la cámara e Inés, y por un lado queríamos trabajar ciertas situaciones humorísticas para profundizar en las escenas. Tampoco queríamos llenar la película de gags o situaciones ocurrentes que distrayeran lo fundamental, que es la intimidad de ese personaje.

¿Conocías Mar de las Pampas o a partir de la película comenzaste a ir? ¿Por qué elegiste este espacio?

A mí me gustaba Mar de las Pampas porque es distinto a la ciudad, por ejemplo Capital Federal, en donde uno se puede alienar de varias maneras para no pensar en nada. Es mucho más facil negar, olvidar, o hacer que uno se olvida. En cambio el hecho de ser abandonada por una pareja en medio de un balneario fuera de temporada en donde se mira por un lado y se encuentra un bosque, y se mira por otro lado y está la playa, era interesante para poner al personaje en una situación un poco más límite.

En tu obra Lucro Cesante ya hay una mirada sobre el mar, ¿la idea de lo vacacional forma parte de un estilo, o se trata de una casualidad?

No, en verdad uno a veces descubre cuándo son los temas propios después, por la mirada de los demás y las devoluciones que te van dando. Para mí el mar es muy impactante, para mí y para la mayor parte de la gente (risas). Hay algo de la vitalidad que tiene el mar y la sensación que deja que creo que es muy particular, y tiene mucha potencia y de alguna manera me ayudaba a contar cómo Inés a lo largo de los días logra relacionarse con la naturaleza, que de algún modo es la única fuerza que decide. El cuerpo y la naturaleza son las verdades “últimas”. Un baño en el mar al final me gustaba mucho.

Está presente la idea de que el pasatiempo deviene conflicto. ¿Qué sentís que le pasa a los personajes cuando tienen mucho tiempo para estar sólos?

Quizás es como una sensación de que cuesta arrojarse al vacío del tiempo libre, que a veces viene ligado a la confrontación con las verdades privadas que derivan en una armonía y en un tiempo de disfrute, pero también pueden significar un torbellino emocional. Sobre todo creo que en general la gente en vacaciones tiene una posibilidad de interactuar y de sentir muy distinta que en la vida cotidiana del trabajo, en donde no hay demasiado tiempo para traspiés y sobresaltos.

He observado en el cine argentino que últimamente lo familiar siempre es un terreno apático para el personaje. Como por ejemplo en el cine de Rejtman, en donde encontramos a la figura del adolescente no relacionado con el mundo adulto, o el caso de la familia en el cine de Lucrecia Martel, tan ominosa. En relación a lo familiar, me interesa que en tu película hay una mirada reconciliadora hacia lo familiar, muy visible en el final.

Sí, yo creo que al final algunos lo leen de una manera, y otros de una forma muy distinta. La familia tiene una historia, y los personajes que tienen una historia pasada tienen peso propio y afecto, que es muy particular. Eso muchas veces produce un efecto muy importante en las personas. El padre rescata a Inés de una situación y luego le dice: “¿El trabajo, bien? ¿Tus cosas, bien?”, y ella le responde que sí, y no ocurre nada más, porque de alguna manera no me parece que les toque dialogar sino estar juntos y rescatarse. Algunos podrán pensar que hay un final muy amargo. Lo que yo sentía en relación a ese final es la convivencia entre la amargura y la luminosidad. Queda claro que atravesar la vida es eso, aceptar las amarguras y buscar el sol o meterse en el agua de todas maneras.

La película tiene algo pesadillesco. Me recordó a la idea de Alicia en el país de las maravillas, en relación a ingresar a un mundo distinto, con nuevos códigos. Inés se encuentra en una suerte de comunidad que casi roza el hippismo.

La fábula con la que juguetié un poco fue la de Caperucita Roja, que tiene un concepto moral sobre lo extraño y lo familiar que me interesaba mucho, y la verdad es que en relación a Caperucita Roja había un lobo que sería Germán y un posterior rescate familar. No quise hacer una adaptación directa, sino que la fábula le otorgara un sentido onírico a esto que vos notás como pesadillesco. Estéticamente era funcional esa pesadilla ligada a la fábula.

Eso es muy visible en la idea de la mujer que entra al bosque.

Exacto.

Me interesó cómo evoluciona la relación entre Inés y Germán, tanto en tan poco tiempo, si bien es evidente que son personas con dos vidas y dos visiones diferentes. El trabajo que encaraste con Carlos Portaluppi (quien interpreta a Germán), ¿fue similar al que realizaste con los otros actores?

No, nosotros ensayamos con Marcos Montes, que fue mi coach de actuación y colaboró en la dirección de actores de las escenas compartidas. Ensayamos bastante y buscamos el tono juntos para este vínculo que tenía que tener algo de esos amigos que son efímeros, que son amigos que uno se hace en la costa, que son muy importantes en un momento pero que luego no los ves más.

¿Crees en la existencia de una mirada o una escritura femenina?

Creo que hay una mirada que está ligada a lo femenino, y no necesariamente tiene que estar escrita por una mujer. Hay cierta manera de abordar el detalle o algo sensorial ligado a cómo lo puede sentir una mujer. Hoy en día creo que está más desdibujado ese límite genérico. Hubo muchos hombres que me dijeron que se sintieron identificados con Inés, y eso es normal.

La película me remitió directamente a El rayo verde, de Eric Rohmer. Ambas arrojan una mirada sobre la soledad de una mujer, y mostrarse bien ante todos pese a estar triste.

Hay dos homenajes personales, uno a El rayo verde y otro al mediometraje de Rossellini, Amore, con Ana Magnani que está basado en La voz humana. Para mí son dos referentes a los cuales quiero homenajear muy humildemente. Soy devota de esas dos películas, y de esas dos actrices.

Por último, ¿hiciste muchas cosas tontas por amor?

Algunas he hecho... Sobre todo en relación al teléfono: mirarlo todo el tiempo. Comparto el miedo a la fragilidad de las escenas y a los cambios constantes de todos los humanos y la naturaleza. No fue nada autobiográfico. Todos tenemos miedos a ser dejados, que en realidad es el horror a lo desconocido, el “qué viene después".

E.O.

Desfile, de Ana María Stekelman: el tango brilla en la fusión con la danza moderna

Este espectáculo se compone de tres cuadros: Concierto de nácar; Tangokinetic Molpai y Desfile. En el primero de ellos brilla el vestuario de Renata Schussheim, al ritmo de los acordes de Concierto de nácar de Piazzolla. Curiosamente el autor se había negado a que sus obras fuesen bailadas, pero la fusión de la danza moderna (Técnica Martha Graham) con figuras de tango realizan unas imágenes muy bellas. Y el tango no se diluye en pintoresquismos sino que se basa en el entrenamiento de la técnica moderna de los bailarines. Los tres movimientos de la obra que Piazzolla interpretó con la Orquesta Filarmónica se dividen en tres visiones de la mujer en el tango: la novia, la mujer pasional, y finalmente, la muerte.

La segunda parte del show se basa en una película de cine mudo que contiene imágenes del ballet de Ted Shawn, primer conjunto de baile moderno compuesto únicamente por hombres. Primero es proyectada la película en pantalla gigante de video, y luego el grupo de danza de Stekelman pasa a realizar los mismos movimientos, con variaciones; además de la inclusión de bailarinas en la obra. Puede ser tomada como una metáfora del mito del androgino que se halla en El banquete de Platón. Así, las parejas de hombre-hombre y mujer-mujer se van desplazando por el espacio, creando entres alrededor del aire circundante. Finalmente se repite el video original, pero editado. La música contribuye a crear el clima deseado, ya que se basa en los conciertos dodecafónicos de las vanguardias de principios del siglo XX.

La última parte la constituye el tan ansiado Desfile, con vestuario de Jorge Ferrari y Pablo Ramírez, que realiza una parodia del fragmentario mundo de la estética del mundo de la alta moda, en las pasarelas de New York, París y Milán. Los bailarines y las bailarinas aparecen al principio en ropa interior, luciendo sus esbeltos cuerpos; para ir formando imágenes de fotografías de estética Vogue. Por eso el video de Madonna de ese nombre es muy citado, y también el mundo de las discos, donde concurren los modelos a buscar esparcimiento. Hay continuas referencias a la estética de Madonna en los 90´, por ejemplo en su video Frozen, en vestidos negros largos con gran vuelo y silueta ceñida al cuerpo, pero vestidos por ellos. La música de Leo Sujatovich acompaña sin empañar el lucimiento de la ropa, en un estilo tecno-tango. Es una parodia porque, aunque la ropa sea verdaderamente de un diseñador real, la puesta se burla de los tics de las pasarelas del mundo. Al final, vemos novias y novios, con muchos tules blancos y ramos de rosas. En el estreno, Stekelman salió a saludar a un público complacido con lo que ella les había brindado. Los asistentes coreográficos eran parte del ballet: la pareja conformada por Nora Robles y Pedro Calveyra, además de Marcelo Carte. Robles fue también la co-directora del show.

Silvia Sánchez Urite

Tangokinesis en Desfile
Bailarines: Nora Robles- Vanesa Odetti- Laura Aguerreberry
Mariela Magenta- Verónica Tandura
Pedro Calveyra- Marcelo Carte- Facundo Mercado
Ignacio Gonzalez Cano- Arturo Gutierrez
Diseño de Iluminación: Omar Possematto
Asistentes coreograficos: Nora Robles- Pedro Calveyra- Marcelo Carte
Kinesiòlogo: Lic. Guillermo Paterno
Selección musical: Ana Maria Stekelman
Prensa: Deborah Lachter y Asociados
Fotografìas: Claudio Essses
Producción Ejecutiva: Susana Argañaras
Co- Direccion: Nora Robles
Coreografìa y Direcciòn: Ana Maria Stekelman
Martes a las 21 y Domingos a las 17 durante junio y julio de 2007
En el Teatro Maipo, Esmeralda 443
Venta telefonica: 4000- 1010 o entradaplus.com.ar

XXY: Intenso relato sobre un tema inédito en el cine argentino

La ópera prima de Lucía Puenzo resulta una bienvenida por partida doble. No sólo por su calidad de ópera prima, sino por el tratamiento en la cinematografía local de la intersexualidad. Lo saludable es que la mirada de Puenzo esquiva el didactismo y se centra en el aspecto vivencial de Alex, la adolescente hermafrodita, en torno a su compleja situación y la relación con sus padres.

La historia comienza cuando Erika llega con su marido cirujano, Ramiro, a la casa de su amiga Suli (Valeria Bertuccelli), que vive en Piriápolis. El encuentro tiene como objetivo avanzar sobre una operación de asignación de sexo, pero Kraken, el padre de Alex (otro notable y contenido Ricardo Darín), cuestiona esa idea. Si la llegada del cirujano hará más contundente esos distintos puntos de vista, qué decir de la propia mente de Alex, ese ser sobre el que tanto se discute y al que, al mismo tiempo, le suceden cosas. En medio de ese torbellino aparece Alvaro, hijo del matrimonio que ha llegado, que en esos pocos días y de manera natural entablará una relación amorosa con la/él joven.

El film avanza con una sequedad cada vez mayor, tanto en el tratamiento de los diálogos y las situaciones, como en el aspecto visual, en el que se destaca la fotografía de tonos ocres a cargo de Natasha Braier. Esa ambientación es la más propicia para cuestionar los valores positivistas de Ramiro (Germán Palacios), que sostienen la idea de una identidad monolítica. Esa rispidez filosófica se traslada en la crianza de su hijo, tan rígida como menospreciante. En ese sentido, el tratamiento de la intersexualidad se relacionará con múltiples formas de dependencia, y el foco estará puesto en la mirada de los padres hacia sus hijos.

La escena del encuentro sexual entre los jóvenes es de una franqueza acorde a todo el film, que sólo decae en un par de secuencias en donde el diálogo suplanta a la imagen. Ese encuentro –decisivo- tiene toda su expresión resumida en la gestualidad de Inés Efrón (vista en Glue, en el anterior BAFICI). Su criatura –fascinante- pide a gritos la atención de la cámara y nos invita a sumergirnos en su mundo interno, a la vez que aceptamos su dualidad.

Ezequiel Obregón


XXY (Argentina-España/2007).
Dirección: Lucía Puenzo.
Intérpretes: Ricardo Darín, Valeria Bertuccelli, Inés Efrón, Germán Palacios, Carolina Peleritti, Martín Piroyansky.
Guión: Lucía Puenzo, basado en un cuento de Sergio Bizzio.
Fotografía: Natasha Braier.
Música: Andrés Goldestein y Daniel Tarrab.
Duración: 87 minutos.