Editado por primera vez en 1882, este drama realista, uno de los textos canónicos del autor noruego, tuvo en su momento una recepción heterogénea. Se estrenó un año después en el teatro de Cristianía y desde entonces se han hecho innumerables puestas en escena entre las que cabe destacar la de Stanislavski de 1905 y la adaptación de Arthur Miller en 1950. El protagonista, el Dr. Stockmann (Luis Brandoni), descubre que las aguas del balneario, fuente de trabajo para su pueblo y para él mismo, cuya construcción ha apoyado con fervor, están contaminadas y constituyen un serio riesgo para la salud. Se dispone, pues, a denunciar el hecho, reclamando el cierre del establecimiento para que se hagan las reformas necesarias. Su hermano Pedro (Alberto Segado), el alcalde, que ve en la clausura por dos años de esa fuente de ingresos la ruina material del lugar, se convierte en su principal opositor. Poco a poco casi todos los habitantes del pueblo, previendo la pérdida de su bienestar, se ponen también contra él.La obra presenta a través de la confrontación inicial de los dos hermanos y luego del protagonista con toda la comunidad el debate sobre temas tan vigentes como la corrupción del Estado y el papel de cierto periodismo que, consciente de su poder como creador de opinión, subordina la ética a la conveniencia económica. También resuena con fuerza la cuestión de la contaminación ambiental, que inevitablemente nos remite al conflicto local por la instalación de las papeleras, sin necesidad de que se aluda a ello.
Sergio Renán ha tenido sobre sus hombros la ingente tarea de llevar este clásico a escena y tomado a su cargo diferentes rubros: la sonorización, la musicalización, la dirección general y la adaptación. Traslada la acción a mediados del siglo XX, aunque no es ésa la modificación fundamental. Al eliminar algunos textos de la pieza, que tiene como eje central el debate de ideas, suaviza las partes más urticantes de algunos parlamentos del Dr. Stockmann, aquellos que expresan con más fuerza la aversión de Ibsen al sufragio universal, por ejemplo.
Por otra parte, si las flaquezas del héroe y sus tensiones internas forman parte de su riqueza como personaje, la figura del protagonista, en el que se subraya la defensa de la verdad y el rechazo a cualquier tipo de soborno, sin duda admirables, pierde fuerza en términos dramáticos, al faltarle ciertos matices, suavizados por la eliminación y transformación de algunas de sus intervenciones. Ha desaparecido gran parte de la ambigüedad fundamental de este hombre, quien, rebelándose justamente contra una sociedad ciega y mezquina que no acepta la verdad, se considera un individuo superior capaz de desafiarlos a todos y de llevar a cabo solo la reforma moral del pueblo. Así, se erige con soberbia en el único hombre irreprochable y se instala con orgullo en una actitud intolerante y despectiva que no le permite ver que el pueblo, más allá de su acomodaticia ética burguesa, está naturalmente preocupado por su subsistencia. De este modo, el romántico idealismo del Dr. Stockmann provoca su ruina y la de su familia y no le permite ver su falta de flexibilidad a la hora de buscar una solución para el problema que se ha generado a partir de su descubrimiento, solución que no puede limitarse a la educación de las próximas generaciones.
En cuanto a los espacios, en el texto, el salón de la familia Stockmann, escenario predominante de los hechos, es modesto y acogedor, lo que no se evidencia en la escenografía, aunque sí queda expresado en la acción y las actuaciones. Sí resulta más adecuada la del periódico “La voz del pueblo”, sombría y desagradable, en tanto no del todo justificada la decisión de correr la acción de la casa del capitán al puerto, aunque la escena del debate sea por sí misma potente. Lo más cuestionable parece el operístico ascenso del salón para el final, que resulta opuesto a la caída del protagonista, que se refugia en una nueva utopía, atrincherado en su hogar.
Cabe señalar, por otro lado, que la pieza va ganando fuerza y ritmo a medida que avanza. Se destacan la gracia de Pepe Novoa, el curtidor Morten Küll – el único que puede justificar la idea inicial del autor considerar “comedia” a esta pieza – y las labores de Stella Galazzi como Catalina y de Horacio Peña en la piel de Hovstad.
Clara Ibarzábal
Autor: Henrik Ibsen
Actúan: (por orden de aparición) Pepe Novoa, Sergio Boris, Stella Galazzi, AlbertoSegado, Horacio Peña, Luis Brandoni, Marcos Woinski,Valentino Alonso, Kevin Melnizky,Nicolás Rodríguez Ciotti, Lucas Krourel, Petra, Julieta Zylberberg, Daniel Tedeschi, Montenegro, Pablo Rinaldi, Mario Fromenteze, Nora Edvard, Julia Hedving Lorena Vega, Maia Francia, Gabriel Conlazo, Luciano Linardi, Héctor Nogués, Pablo Alvarenga, Juan Manuel Fernández, María Celeste Gérez, Manuel Novoa, Mariano Fernández, Patricia Becker, Marina Cohen, Andrés Martínez, Zulema Caldas, Jorge Velurtas, Eduardo Silva Correa, Leonardo Méndez .
Coordinación de producción René Aure
Asistencia de dirección Ticiana Tomasi, Silvia Contreras
Asistencia de vestuario Sofía Di Nunzio
Asistencia de iluminación Florencia Martínez Bengolea
Musicalización y sonorización Sergio Renán
Vestuario Mini Zuccheri
Iluminación Eli Sirlin
Escenografía Graciela Galán
Adaptación y dirección Sergio Renán
Agradecimiento: Angelo Milano
Duración: 120 minutos, con intervalo
Teatro San Martín
Sala Martín Coronado
De miércoles a domingos a las 20.
Platea: $20- Pullman: $ 15
Miércoles, entrada general: $10


















