05 abril, 2007

“Hecho para la ocasión”

Escrita y estrenada en ocasión del centenario del nacimiento de Samuel Beckett en 2006, la obra de Maximiliano de la Puente se sustenta en una lectura más que atenta de los textos del dramaturgo irlandés. El hombre de la cara tapada de Film - la película que protagonizó Buster Keaton – funciona como eje de esta nueva pieza, dividida en cinco escenas,: "Falso Krapp más murmullos", "Film de partida", "Sillas", "Persecución" y "Didascalias". Entre ellas se cuelan tres "videos" representados: "Ojo", "Esteban ante el espejo" y "Paco".

El texto incluye citas beckettiana muy explícitas, como las cintas y las bananas de Krapp, la ceguera "voluntaria", el perro de tres patas de Final de Partida y la reticencia a ayudar, tan violenta como los golpes gratuitos y la tela negra, afines la crueldad de Clov. También se han hilado citas o paráfrasis textuales, ligadas a la vacuidad y la exasperante y risible repetición. Se aprovechan, en ese sentido, las simetrías del espacio para la imitación simiesca y se realizan acciones simultáneas e independientes que obligan a recorrer el espacio devenido escenario de un extremo al otro.

La sala donde se representan los "actos casi sin palabras" ha sido una biblioteca, hoy los estantes permanecen vacíos. La basura qu arrojan los personajes es, significativamente, papel escrito (libros y diarios), lo que no hace más que reforzar la semántica del texto y poner en imagen la enorme desconfianza que Beckett siente ante el lenguaje. Por otra parte, la consola-tramoya está a la vista: todo es teatro. Se hace uso del off grabado y en vivo (el año pasadohabía una cámara-ojo de video a la vista) y se perciben ruidos del exterior. Por momentos los movimientos son bruscos e inesperados, sin causa ni fin. Especialmente intenso es el juego de las sillas arrojadas en escena "como bolas de boliche" que recuerda la escena del gato y el perro en Film. Las imágenes constituyen fragmentos de la obra de un autor que construye en el fragmento.

Los espejos de camarín con sus lamparitas funcionan como ícono o metáfora de todo el espectáculo, pues remiten tanto al predominio de lo visual sobre la palabra, como a la necesidad de desnudar la teatralidad, la cuestión de la mirada (¿qué vemos, qué evitamos ver, somos en tanto somos percibidos?) y el vacío de la repetición. Así, esta puesta significa por sí misma, más allá de los textos que le dieron origen y tiene fuerza propia. El "guión técnico" es muy puntilloso en cuanto a los tiempos de duración de cada situación y movimiento y eso se advierte en la escena, en la que se destaca la precisión del trabajo físico y gestual de los actores y un muy interesante diseño sonoro, que le confiere un ritmo particular a esta obra, a la que no le faltan fino humor ni llamativa actualidad.

Clara Ibarzábal

Sobre textos de Samuel Beckett
Actúaciones: Esteban Bigliardi, Paco Fernández Onnainty, Verónica Hassan, Laura Paredes, Roberto Tomino
Voz en Off: Claudio Pereira
Escenografía: Karina Claramunt
Diseño de luces y video: Lorena Díaz Quiroga
Diseño sonoro: Marcelo Mamany, Ariel Tremari
Video: Lorena Díaz Quiroga
Asistencia de dirección: Leonel Livchits
Producción: Paco Fernández Onnainty
Dramaturgia y dirección: Maximiliano de la Puente

CENTRO CULTURAL RICARDO ROJAS
Dirección: Av. Corrientes 2038
Teléfono: 4954-5521 / 4954-5523 / 4954-5524
www.rojas.uba.ar
Entrada: $10,00 - domingo - 20:00 hs - Hasta el 29/04/2007

01 abril, 2007

CAMINO DEL CIELO (HIMMELWEG)

“Pero ustedes no han venido a hablar de teatro”. No, es cierto.El hecho fue real. Ocurrió en el campo de concentración de Terezin, cerca de Praga; la idea de la farsa que se representó allí fue de Heinrich Himmler, jefe de la SS. El dramaturgo Juan Mayorga decidió ubicar la acción cerca de Berlín al recrearla. Hasta allí llega un delegado de la Cruz Roja, encargado de supervisar el trato a los prisioneros de guerra, a fin de obtener datos para elevar un informe a sus superiores. El extranjero, quien ha venido a documentar el horror para contarlo al mundo, se encuentra - contra lo que suponía - con un alemán ilustrado y gentil que le presenta una ciudad pequeña y apacible, de la que es alcalde Gottfried, uno de los presos judíos y en la que la vida transcurre en cuidada, vigilada, ficticia armonía.

Ése es el punto de partida. Mayorga trabaja como la gota que horada la piedra: la repetición pretende hacernos volver una y otra vez sobre lo acontecido, interminablemente, como el trompo que gira. Esto genera una morosidad que parece no tener sentido ante sucesos conocidos y reflejados muchas veces por los artistas (y no sólo ellos) de forma contundente, desde Terror y miserias del Tercer Reich de Brecht hasta hoy. La montaña de ropa y zapatos sin cordones en el comienzo han servido ya para disparar todas las imágenes que guarda nuestra memoria. Pero no se trata sólo de como rechazo al olvido. El texto no se agota en la presentación del hecho en sí mismo sino que lo muestra también como emblema y como apertura a la reflexión sobre ciertas conductas humanas que se reiteran con variantes, como los malogrados ensayos en la obra, hoy igual que entonces y tienen eco en nuestro pasado reciente. Basta para ello la imagen de la Niña en el río: “No tengas miedo. Uno dos. Sé amable Rebeca saluda a este señor. Uno dos. Sé amable Rebeca. Saluda. A este señor. No tengas. Miedo.”

La pieza del dramaturgo español, quien trabaja mucho con la resemantización de las réplicas según el tono y los contextos e indaga sin maniqueísmo en el punto de vista de los protagonistas - el testigo, el victimario, la víctima - necesitaba un director inteligente que pusiera en cuerpo e imagen la profusión de palabras. Jorge Eines logra que el texto se encarne, pueda “verse” y llegue al espectador. En ese sentido, la introducción de los muñecos refuerza la línea del juego de los poderosos, que convierten a los hombres en piezas de ajedrez descartables y también de quienes se dejan manipular como juguetes e invita a pensar dónde nos ubicamos. Por otro, pone en primer plano la reflexión acerca de la teatralidad, que incluye tanto el embuste premeditado como el autogaño y el trabajo específico del artista en la escena.

El espectáculo se desarrolla con inevitable lentitud, debido a los extensos parlamentos, indicios de que cada uno porta una verdad que no busca enriquecerse ni confrontarse, las repeticiones, y el hecho de que se trata de una obra de situación y de discurso, más allá de los cambios que el director ha introducido con acierto . Gracias a los intérpretes, la letra se vitaliza: Horacio Roca conmueve en la piel del débil delegado quien, de cara al público, reclama su comprensión y Víctor Laplace compone a este comandante refinado y terrible, que mide cada gesto y cada palabra ocultando lo que sabe injustificable. Ricardo Merkin, sin desbordes, muestra las aristas del prisionero tristemente privilegiado, en tanto Martín Slipak (Chico) y Natalia Señorales, la Niña que enseña a nadar a su muñeco, se destacan entre los otros presos.

Jorge Ferrari acierta con el vestuario y con una escenografía en planos que permite observar las acciones de todos los personajes sin distraer. La música de Bernardo Baraj tiene el tono que la situación requiere. La luz se ajusta a esta propuesta de focalización de la mirada, tan central aquí. Se hunden en el oído del espectador las palabras del hombre de la Cruz Roja: “Mi misión era abrir los ojos y mirar.”

Clara Ibarzábal

Autor: Juan Mayorga
Actuaciones: Emiliano Álvarez, Federico Figueroa, Lisette Garcia Grau, Victor Laplace, Renata Marrone, Ricardo Merkin, Eleonora Mónaco, Pablo Razuk, Horacio Roca, Natalia Señorales, Martín Slipak
Coordinación de producción: Rosalía Celentano
Asistentes de dirección: Fabián Barbosa y Silvia Sacco
Asitente de iluminación: Fabio Alfieri
Asistente de escenografía y vestuario: Andrea Mercado
Asistente artístico: Bernardo Cappa
Composición y dirección musical: Bernardo Baraj
Iluminación: Felix Monti
Escenografía y vestuario: Jorge Ferrari
Dirección: Jorge Eines

TEATRO SAN MARTIN
Dirección: Av. Corrientes 1530
Teléfono: 0800-333-5254
www.teatrosanmartin.com.ar
Entrada: $15,00 - domingo - 20:30 hs
Entrada: $8,00 - miércoles - 21:00 hs
Entrada: $15,00 - jueves, viernes y sábado - 21:00 hs

24 marzo, 2007

Un misterioso asesinato en Londres

Después de Match Point se abría un interrogante sobre la carrera del viejo realizador. Su primera película rodada en Inglaterra le había devuelto el prestigio que perdió tras una serie de comedias fallidas que repetían viejas fórmulas. Con Scoop (“primicia” en inglés) Allen retornó a la comedia, pero en este caso los resultados son mejores.

Woody volvió a confiar en Scarlett Johansonn. Aquí la joven actriz explotó su faceta cómica. Hay que decir que logra una buena actuación, aunque haya tenido que afearse. Ella es una joven periodista norteamericana que visita una amiga acomodada. Una noche asisten a un show de magia en donde es solicitada por el mago Splendini (Allen) para desmaterializarse en una caja. Allí dentro el fantasma de otro periodista recientemente fallecido le da la primicia del título: un acaudalado joven interpretado por Hugh Jackman es en verdad un criminal serial que asesina mujeres. La cosa se complica, dado que el asesino es una figura pública con aspiraciones políticas: ¿quién creerá que tras su perfecta sonrisa se esconde un monstruo en potencia?

En Scoop Woody Allen vuelve a copiarse. En el caso de su film anterior, se trataba de una re-elaboración de Crímenes y Pecados. En este caso, es imposible no pensar en Un misterioso asesinato en Manhattan. Viendo Scoop uno tiene la sensación de estar asistiendo a los mismos gags y diálogos chispeantes de toda su filmografía. Pero aún siguen funcionando. Si tomamos los viejos trucos de Splendini como metáfora del film, cuando asistimos a ellos esperamos con asombro que la caja se abra y la mujer no esté allí dentro. Pero al fin de cuentas, sabemos que eso era exactamente lo que iba a pasar. El truco es viejo, pero funciona.

Filmada con la solvencia y la elegancia que ya es esperable en los grandes realizadores, esta comedia de tono agridulce esconde algunas lecturas más profundas. La hipocresía a la orden del día es la que posibilita la intromisión de los hombres “importantes” en las cuestiones privadas, como meros fetichismos. La comicidad de los diálogos está sólo en los buenos de la historia, y eso funciona porque produce una mayor distancia entre el espectador y “el malo”.

Pese a un guión obvio, la dupla Allen-Johansonn es efectiva. La relación entre ambos irá mutando, al punto que el viejo mago aceptará ser el cómplice de la joven. El director se da gustos a la hora de las citas, como cuando remite a Bergman, más precisamente El séptimo sello. Las escenas en el barco comandado por La Muerte son lo más novedoso en un film que no lo es.

E.O.

Scoop (Gran Bretaña-EE.UU)
Dirección y guión: Woody Allen.
Intérpretes: Woody Allen, Hugh Jackman. Scarlett Johansson, Ian McShane.
Fotografía: Remi Adefarasin.
Música: Tchaikovsky, Johann Strauss (h.).
Edición: Alisa Lepselter.
96 minutos.



22 marzo, 2007

Ciudad en Celo, de Hernán Gaffet

“Todos necesitan de alguien”. Ese parece ser el axioma con el cual Hernán Gaffet (realizador de “Oscar Aleman, vida con swing”) concibió el guión de esta comedia generacional, que se mete en un momento de la vida de cuatro amigos que rondan los 40.

Cuando comienza la película cada uno de ellos está en soledad. Sergio, el guionista interpretado por Daniel Kuzniecka, acaba de encontrar a su mujer y a su hermano en la cama matrimonial. No mucho mejor están Marcos (Adrián Navarro) y Valeria (Dolores Solá), también sin pareja y con ánimo decreciente. Mucho menos mejor está Sebastián (Juan Minujín) que mediante un llamado telefónico produce el encuentro de los otros tres amigos, antes de pegarse un tiro.

Así de dramática comienza la primera película de ficción de Gaffet, que conjuga humor negro con el costumbrismo más obvio, y entrega algunas situaciones muy bien resueltas en donde la efectividad de los diálogos es esencial. ¿Por qué Sebastián decidió reencontrarlos antes de matarse? Los tres amigos se hacen esta pregunta, pero la respuesta está allí mismo: en el reencuentro. Tiempo atrás Valeria fue novia del recién difunto, pero también tuvo lo suyo con los otros dos…

El epicentro de la historia es el bar Garllington, uno de esos bares más porteños que los mismos bares porteños, telón de fondo para anécdotas amorosas. Su dueño, Duke (Claudio Rissi) es quien anima el espíritu del bar con su carisma y su oído siempre bien dispuesto. Es allí en donde el realizador se aferra a una estética televisiva de plano y contraplano, pero también es cierto que los diálogos son lo suficientemente cómicos para disminuir ese defecto. El resto del film fluye así: como la sobremesa de un grupo de amigos.

Las situaciones rozan muchas veces lo inverosímil, como los parlamentos de la madre de Sebastián (Betiana Blum) quien tras la muerte de su hijo siente un “despertar sexual” (¡!). Mucho menos creíble es el personaje de Viviana Saccone, mujer golpeada en pleno bar, a la que luego le roban y es defendida por Marcos, para hacia el final del film ser amenazada con un revólver por otro asaltante… Saccone puede sobrellevar la inverosimilitud del guión con una actuación contenida. Tampoco es muy acertada la inclusión de tangos interpretados por Solá, que subrayan situaciones de manera innecesaria.

Pese a sus desaciertos, “Ciudad en Celo” entabla una empatía directa con los espectadores, sobre todo por la dimensión de sus personajes entrañables. El final deja el axioma felizmente resuelto, lo que no significa que sea consecuente con lo que vimos antes.

Ezequiel Obregón

Ciudad en celo
Guión y dirección: Hernán Gaffet.
Dirección de fotografía: Marcelo Camorino.
Montaje: Fernando Pardo.
Música: Xavier Capellas y Acho Estol.
Intérpretes: Daniel Kuzniecka, Adrián Navarro, Dolores Solá, Claudio Rissi, Nuria Gago, Viviana Saccone, Juan Minujín, Julia Calvo, Betiana Blum.

21 marzo, 2007

Festival de Cine de Mar del Plata (Segunda Parte)

Tras 11 días de puro cine, la XXII edición del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata dejó un puñado de buenas películas y una idea de que las cosas –desde lo organizativo- se habían hecho bien. A último momento se vieron empañados estos logros, debido al maltrato a un crítico de cine (comunicado de la FIPRESCI incluído) y una ceremonia de clausura que –dicen- fue bastante irregular.
La hora de los premios llegó y, tal como adelantamos, las grandes películas aparecieron. En la segunda semana se presentaron en Competencia Oficial la argentina "Ciudad en Celo" (la crítica, aquí arriba) que desencantó a la crítica pero ganó el premio del público. Esto era bastante predecible, teniendo en cuenta las risotadas y el cálido aplauso que le entregó la platea en la primera función en el imponente Auditórium.

No tuvo la misma recepción "Honor de caballería", film del español Albert Serra que se mete como nunca antes con el clásico "Don Quijote". Aquí no hay ni molinos de viento ni Dulcinea del Toboso. Serra entregó un film seco, contemplativo, que sigue minuciosamente los diálogos entre Don Quijote y Sancho Panza. Sin un argumento consistente, el film español presenta una mirada innovadora sobre el gran clásico, muy a la manera de Robert Bresson. Integramente filmada en exteriores, la osadía dividió a la crítica y se llevó una fría respuesta del público, que en gran parte abandonó la sala.

Otro film interesante fue "Como una sombra", ópera prima de la realizadora italiana Marina Spada. La película narra el contacto de una joven estudiante con un profesor de ruso, con el que entabla una relación amorosa. Más tarde se relaciona con su sobrina, una joven con esperanzas de un buen destino en el país europeo. La chica vive algunos días en su casa, pero súbitamente desaparece. Spada cuenta con una mirada femenina, va hacia el detalle. Elige transitar los estados de ánimo de la protagonista desde su percepción, eligiendo el fuera de campo para todos los aspectos que intrigan al personaje y, por ende, a nosotros.

Tanto la australiana Diez canoas como la argelina Bled Number One fueron valoradas, pero sin lugar a dudas luego de la proyección de "Ficción" del español Cesc Gay (Krampack, En la ciudad) quedó claro que el film no se podía ir con las manos vacías. Aquí Gay se mete en la vida de un director de cine (como los otros directores en La peli o Woman on the beach, ¿decisión del Festival?) que escapa de la ciudad para refugiarse junto a unos amigos en un pueblo montañés. Allí surge, de a poco pero de forma consistente, un enamoramiento hacia Mónica, una violinista amiga que acaba de adoptar una niña. La manera en la que se cuenta la relación entre ambos es detallista pero no artificial. El devenir de la relación le permite a Gay que los actores se luzcan, ya sea a través de los diálogos (que ponen en evidencia las problemática de los de cuarenta) o de los silencios. Merecido Astor de Oro.
El premio especial del jurado recayó sobre Jardines en otoño, magnífica comedia negra dirigida por el realizador georgiano Ottar Ioseliani, de quien hace unos años se hizo una completa retrospectiva en el festival porteño.

Muchos de los grandes films que pasaron por Mar del Plata tendrán su lugar en la programación del BAFICI, que ensinapsis cubrirá.

Este es el último año de Miguel Pereira como director artístico. Tras cinco años de ser la cabeza del festival, el mismo pudo recuperar identidad, mejorar la calidad de su Competencia Oficial, y superar los baches organizativos de años anteriores. Las salas estuvieron repletas y los horarios de programación se cumplieron. Si bien no hubo grandes estrellas, el público agradeció las master class de Mario Monicelli o Charles Brunett, figuras indiscutidas del cine. El club del espectador resultó un interesante puente entre la crítica y el público, y merece futuras ediciones. Las paralelas "Cerca de lo Oscuro" y "Vitrina argentina" demostraron solidez, y fue bienvenida la inclusión de una Competencia Latinoamericana, que dejó como ganador del premio Che Guevara a Nicolás Prividera, realizador del documental M, que se llevó la valiosa cifra de 50.000 dólares.

En la ceremonia de Clausura la distribuidora 791 Cine debía entregar el premio a la innovación artística. Se había decidido que el crítico Quintín (actual colaborador del diario Perfil, ex director del BAFICI y El Amante Cine) fuera la persona que entregue el premio. Una llamada telefónica del INCAA lo prohibió, y posteriormente la FIPRESCI (Federación de Prensa Cinematográfica) emitió un comunicado advirtiendo sobre otros malos tratos del INCAA. El organismo comunicó: "Varios hechos sucedidos en los últimos días, que involucran directamente a las máximas autoridades del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales, nos causan enorme preocupación. Especialmente porque atacan la libertad de expresión y el fomento del cine nacional, a los que por ley el INCAA está comprometido a defender". Uno de esos hechos es la decisión del INCAA de quitarle el apoyo financiero al BAFICI, algo que fue comentado en la conferencia de prensa del festival, el pasado 16 de marzo.

Astor de Oro al mejor largometraje: Ficción, de Cesc Gay
Premio Especial del Jurado: Jardins en automne, de Otar Iosseliani
Astor de Plata al mejor director: Marina Spada (Come l'ombra) y Hong Sang-Soo (Woman on the Beach)
Astor de Plata a la mejor actriz: Sandra Hüller (Madonnas)
Astor de Plata al mejor actor: Carlos Resta (La peli)
Astor de Plata al mejor guión: Zaza Rusadze y Dito Tsintsadze (The Man from the Embassy)
Mención especial: O maior amor do mundo, de Carlos Diegues.
Competencia Latinoamericana
Premio Che Guevara al Mejor Film: M, de Nicolás Prividera.
Menciones Especiales: El cielo de Suely, de Karim Ainouz (Brasil); y Tierra roja, de Ramiro Gómez (Paraguay)
Premio FIPRESCI Mejor Película Competencia Latinoamericana: M, de Nicolás Prividera
Premio FIPRESCI Mejor Película de América Latina 2006: El cielo de Suely, de Karim Ainouz (Brasil)
Premio Signis: Ficción, de Cesc Gay (España)
Premio de la Asociación de Cronistas Cinematográficos de la Argentina al Mejor Largometraje de la Competencia Oficial: El hombre de la embajada, de Dito Tsintsadze (Alemania)
Mención Especial de la Asociación de Cronistas Cinematográficos de la Argentina: Ciudad en Celo (Argentina)

LA CASA ALBA O LA OTRA ORILLA DEL MAR

Escrita en 1936, La casa de Bernarda Alba, la última obra de Federico García Lorca, que el poeta no llegó a ver sobre las tablas, refleja el drama de las mujeres solas en los pueblos de España. "El poeta advierte que estos tres actos tienen la intención de un documental fotográfico", dice el autor. La fábula está tomada, según contó en alguna ocasión, de la historia de una familia vecina – la de las Alba - a la que Federico se dedicó a espiar para luego volcarla en el papel, con llamativa fidelidad a los hechos reales. Con su talento, transformó aquella anécdota en un drama de enorme potencia, cargado de pasión y de poesía. Ha desaparecido en esta versión la Criada, al igual que los personajes incidentales, de modo que quede la médula de la intriga. Apenas se han eliminado algunos fragmentos del texto; permanece intocada la voz del poeta.

Se oye a lo lejos el sonido de las olas. La Poncia presenta la situación tras la muerte del segundo marido de Bernarda. Los espectadores bajan entonces las escaleras y se sientan en torno al círculo de sal que representa el límite infranqueable de las paredes de la casa que esta madre gobierna como una déspota egoísta y altiva. Dentro, cercadas, quedan las mujeres de luto, con las cabezas cubiertas, rodeadas de recipientes llenos de aquella agua de la que ellas desean beber en el calor del verano, sin poder calmar ese deseo. Los hombres, la libertad, la vida están en la orilla y ellas no pueden salir: el mar se les escapa.

Lo saliente de la puesta es la concepción del espacio escénico, tan plástico como significativo, en el que los cuerpos se mueven contenidos y elegantes, intencionalmente juntos, inseparables, asfixiándose unos a otros.La luz blanca construye sombras en el espacio, donde la única que lleva la cabellera suelta es María Josefa, quien encarna y expresa los anhelos y pasiones escondidos en los pechos jóvenes que callan.

Edgardo Dib se ciñe a la tragedia, no hay lugar aquí para la distensión en ese redondel de encierro infinito, donde se hace imposible respirar. Los abanicos apenas proporcionan aire y se transforman en ajuar y en ritmo cuando hace falta. Habrá pocos elementos más: un banco y el collar de perlas de la abuela. El marco sonoro refuerza con sutileza el clima oscuro, que sugiere un desenlace funesto. Con eso –con esa difícil sencillez- basta para convertir en imagen los símbolos que Federico García Lorca ha puesto de relieve, incluido el verde vital de Adela, la hija rebelde, loca de amor, la única que desafía el poder de una madre ciega de soberbia.

Clara Ibarzábal

Sobre textos de: Federico Garcia Lorca
Actuaciones: Stella Brandolín (Bernarda), Sandra Grandinetti (Angustias), Mariana Gutiérrez (Adela), Araceli Haberland (Amelia), Marta Montero (La Poncia), Liana Muller (María Josefa), Erica Spósito (Matirio) y Julieta Vigo (Magdalena)
Diseño de iluminación: Leandra Rodríguez
Diseño de vestuario, espacio escénico y marco sonoro: Edgardo Dib
Realización de vestuario: Susana Sánchez
Realización de sonido: Martín Lavini
Foto de gráfica:Hernán Paulos
Fotografía: Leandro Teysseire
Diseño gráfico: Esteban Caffini (www.caffini.net)
Asistencia de dirección: Stella Brandolín y Araceli Haberland
Prensa: Débora Lachter, Luciana Zylberberg
Producción ejecutiva: Luciana Zylberberg
Dirección: Edgardo Dib
www.gdeteatro.blospot.com

LA MANUFACTURA PAPELERA
Dirección: Bolivar 1582
Teléfono: 4307-9167
www.papeleracultural.8m.com
Entrada: $15,00 - viernes - 21:00 hs